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Los interesados en controlar el jugoso negocio de la energía eléctrica se las han  ingeniado para estar en buenas posiciones en todos los gobiernos, atentos a quedarse con la mejor parte de las utilidades que genera este sector. Unos como generadores, otros desde la Asamblea Nacional, o desde las mismas entidades rectoras. Nos referimos a aquellos personajes que en 2006 convergían en la mesa de energía promovida por la Comisión de Infraestructura. Sus incursiones en las nuevas empresas o cargos públicos solo ratifican que se trata del mismo círculo de quienes van a comerse el pastel que hasta hace dos meses compartieron con Unión Fenosa.

Estos personajes han asumido diferentes roles, a veces protectores de los generadores, algunos de ellos fenicios de profesión, que en épocas de gran crisis se enriquecieron produciendo electricidad con bunker; o los concesionarios geotérmicos que por muchos años se agazaparon ocultando su ineficiencia. También acudían vergonzantes funcionarios que callaban ante la amenaza de privatizar Hidrogesa. Participaban los exponentes de INE y el mensajero de los empresarios aliados al oficialismo, que iniciaba su carrera desde la Cámara de Comercio rumbo al Cosep. Tienen en común la defensa de los altos precios en la energía.

Asistimos a esa mesa ciertos representantes de los usuarios, que peleábamos con las uñas ante tanto personaje ligado al poder, y frente a las mismas autoridades que hoy tienen “doctorado” en salvar los intereses de fuertes empresarios. Se puede decir que en este tema nada ha cambiado, salvo que los voceros del gobierno elaboran un discurso “digerible” para los consumidores, solo que ahora reparten el atole con un dedo oficial. Lejos de rebajar la tarifa, hablan de “nuevas victorias” y de un futuro mejor, inadmisible cuando lo correcto es bajar los precios.

El discurso lo sustentan en el cacareado cambio de matriz energética, diciendo que en 4 años 94% de la generación será con recursos renovables, aunque nunca muestran la proyección de reducción de tarifa que beneficiaría a los usuarios. Las cifras oficiales refieren, además micro hidroeléctricas rurales, al menos 7 centrales hidroeléctricas en ríos de Matagalpa, Jinotega, RAAN y RAAS, que aportan más de 2300 kw; y presumen el despegue de Amayo (I y II) y Eolo-Albanisa. Hablan de más producción de energía en las geotérmicas y biomasa, pero al parecer nada de esto incide en reducir la tarifa, lo que resulta muy extraño conociendo la estabilidad de precios en el petróleo.

El titular del MEM reiteró que en 2012 la generación eléctrica a base de renovables fue 40%, y que ello “representaría un ahorro anual de 1 millón 754 barriles de petróleo, que al precio promedio de US$80 el barril, es un ahorro en divisas de US$140.3 millones de dólares”. Entonces, ¿qué esperan para aplicar una política que resguarde la economía de los usuarios?, si justamente los recursos naturales dados en concesión, son patrimonio de todos y su explotación debe beneficiarnos.

Es inadmisible que TSK/Albanisa, que usa combustible a precios concesionales, inicie sus operaciones dando golpes bajos a los nicaragüenses. Esto muestra el peligro que se cierne frente a un grupo económico que bajo un oscuro proceso y subterfugios, se ha quedado con la distribución de la energía. Ojalá que los doce años de abusos cometidos por Unión Fenosa hayan avivado el espíritu de rebeldía de los usuarios, porque lo vamos a necesitar. Ese monopolio en formación no oculta su desmedida pretensión de sacar la máxima rentabilidad en el menor plazo posible. Todo indica que estamos ante un nuevo monstruo que utilizará además de sus vínculos con el Estado, la evasión de las leyes para descargar su voracidad contra todos los actores del sector.

No es casual que en los últimos meses Enatrel agiliza inversiones en el sistema de transmisión nacional e incluso instala luminarias públicas, posiblemente porque en los planes de los nuevos propietarios de la distribución está el traslado de esas redes estatales a TSK, y querrán asegurar óptimas condiciones para minimizar inversiones y obtener mayor rentabilidad, al estilo de Unión Fenosa.

Si por la víspera se saca el día, a menos de dos meses de hacerse públicas las pretensiones de TSK, ya lanzó el primer zarpazo del 7.78% en la tarifa de energía, lo que además de encarecer directamente este servicio a más de 200 mil usuarios, tiene un efecto multiplicador en el precio de todos los productos y servicios básicos, de por sí alterados con los elevados costos de los combustibles.

El asesor económico del Presidente hasta adelantó reformas a la Ley de la industria eléctrica para otorgar nuevas ventajas a la novata TSK, acomodando el marco jurídico para que entre en todas las actividades del sector, hasta ahora limitadas a la distribuidora. Cuando lo consigan podrán incluso deshacerse de sus viejos e incondicionales aliados generadores, a quienes podrían consolar con una embajada o un cargo público. En pocos meses estaremos frente a un monopolio paraestatal que va por todo y pretende imponerse  ante moros y cristianos.

Es imperativo descifrar las dimensiones de esa oscura apropiación de la distribuidora y medir las consecuencias que nos traerá tal decisión. Debemos actuar para no ser cómplices silenciosos de sus propósitos. Una acción concreta es recurrir contra esa infundada alza del 7.78%, y resistir la maniobra solapada del gobierno de re-privatizar este servicio. Salimos de Guatemala para Guatepeor, y pronto las evidencias estarán no solo en las facturas, sino en el desprecio que mostrarán ante los reclamos de los usuarios.

 

* Ex directora de ENACAL