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Tratar de entender la perfección del funcionamiento del corazón, ese motor que nos hace existir, así como del cerebro, de los riñones y resto de sistemas, es una misión imposible e infinita. Recién concluido el Congreso Nacional de Cardiología el 21 de abril, es necesario reflexionar sobre las capacidades reales que existen en nuestro país en materia de atención de las enfermedades cardiovasculares.

Nuestro perfil de morbi-mortalidad (enfermar y morir), siendo país del tercer mundo en desarrollo y economía, es similar al de los países ricos. Nos morimos de las mismas enfermedades que ellos. Solamente los accidentes de tránsito las superan en estos días (alcohol y drogas de por medio). Infarto del miocardio, síndromes coronarios, accidentes cerebro vasculares, arritmias, fueron entre otros los temas abordados por cardiólogos nacionales.

Métodos diagnósticos y terapias innovadoras de alta tecnología como eco-cardiogramas transtorácicos, holter, score de calcio, tomografías coronarias, cateterismos cardiacos, estudios electrofisiológicos, doppler carotideos, denervación renal percutánea, etc., son posibilidades de solución que tenemos al alcance.

Sin embargo, los costos solo permiten acceder a ellas a un 10-15% de ciudadanos con capacidad de pagar. El 85-90 % tiene prohibido pensar en que puede extender su vida unos años más si tiene una patología cardiaca grave. Los esfuerzos del único centro cardiológico público no tienen capacidad de mayor cobertura.

Fue evidente que los estudios clínicos presentados, basados en experiencia local, fueron realizados en su mayoría en centros privados, donde tienen acceso únicamente entre un 7 a 10% del país (ministros, funcionarios de alto nivel, extranjeros y quienes se dedican al comercio).

¿Cómo se explica que el sector público, con todo el presupuesto de la nación, no puede desarrollar centros cardiológicos por región? ¿O Centros de Alta Tecnología (CAT) como el del hospital Lenín Fonseca, para la realización de estudios de imágenes que contribuyan al diagnóstico de este tipo de enfermedades? ¿Cuánto cuesta un diputado al año? ¿Y cuánto aporta a la ciudadanía para mejorar su calidad de vida?

Descentralizar los recursos humanos en los diferentes departamentos debería ser una estrategia de equidad, justa, para que la población de sitios lejanos también tenga derecho al beneficio que significan estos avances tecnológicos y de ciencia que ya existen en el país. Lógicamente, deben crearse las condiciones de infraestructura y de logística para que eso sea posible. El apoyo al individuo (hombre o mujer) que deba trabajar en esos lugares debe ser un incentivo que promueva y motive trabajar fuera de la zona donde tradicionalmente se habita.

Lamentablemente, desde el proceso de formación de pregrado, internado, servicio social, especialización y sub-especialización, los médicos cambian constantemente su “hábitat social”, factor que no permite la consolidación de proyectos personales ni institucionales de mediano y largo plazo, por tanto, el desarrollo como nación siempre va a quedar esperando.

Un motivo de satisfacción que deja este tipo de eventos científicos es que en la práctica crecemos en materia de Ciencia, Tecnología e Innovación, aunque en las estadísticas no aparezcan dichos logros. Un sub-especialista es equivalente a un PHD (nivel de Doctorado), que es lo mismo que decir que contamos en el campo de la salud con cienes de tales recursos altamente capacitados, información que se debe integrar a los registros el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICYT), para sus informes anuales.

Otra situación a destacar es la de valorar todos estos esfuerzos sin ningún sesgo político. En estas circunstancias no diferimos de color. Todos somos seres humanos. Felicitaciones colegas de todas las ramas del conocimiento médico, Nicaragua se hincha de orgullo por ustedes.

 

* Médico

Código MINSA 6950