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Las Naciones Unidas, preocupada por la bienandanza del mundo, situó en agenda mundial un día dedicado a la Tierra. Gaylord Nelson (junio 4, 1916– Julio 3, 2005), abogado, literato y senador demócrata estadounidense, amante de la preservación del medio ambiente, es el inspirado impulsor de este día, quien movilizó millones de personas el 22 de abril de 1970, para sensibilizar sobre el cuido de la tierra. “El desarrollo económico no debía privar en detrimento de la protección al medio ambiente”, decía. Los excesos y voracidad en los proyectos industriales implican altos costos ecológicos y humanos.

El día de la Tierra nació con el propósito de despertar conciencia global sobre la responsabilidad y el cuidado que cada ser humano debe –debemos– tener frente a problemas de contaminación ambiental, extinción de especies, tala de bosques, efecto invernadero, entre otros. Hasta la paz, la democracia y el respeto por los derechos humanos tienen que ver con la sana convivencia de la Tierra.

Todas las cosas y seres vivos como la madre, los niños, el árbol, el libro, la mujer, así como los derechos humanos, y mucho más, deben ser apreciados y atendidos no solamente un día específico, sino todos los días de nuestra vida. Porque a una madre no se le “atiende” o visita una vez al año. Tampoco a una hija o hijo se le cuida dándole besitos de largo sin asumir responsabilidades de manutención; un árbol o una planta no crece sin el cuido y riego diario que necesita para vivir. Así es la Tierra, necesita cuidado constante si queremos preservarla.

Lamentablemente, en Nicaragua este día lo estamos “conmemorando” con incendios y permitiendo que la extensión de ellos se nos escape de las manos, con el consabido arrase o exterminio de fauna y flora. ¿A quién le duelen las 80 manzanas de robles y pinos, más otras 80 manzanas de bosques arrasados en Estelí y Las Segovias? ¿A quién le duele toda el área quemada del Volcán Masaya y laderas cercanas? ¡15 días ardiendo sin apagar el fuego! Estamos hablando de que en estos últimos días se han quemado unas 22,000 manzanas equivalentes a 15,375 hectáreas, según fuentes de Sinapred. El año pasado perdimos 9,000 manzanas (6,290 hectáreas), en un período similar (END. 21 abril, 2013).

Hipócrates (antes de Cristo), afirmaba que el ambiente insano provocaba enfermedades. Y parece ser que la humanidad, con afán egoísta se ha empecinado en destruir toda fuente de vida. Hay Día de la Tierra (22 de abril), Día del Árbol (cada país lo celebra en fecha diferente), Día de los bosques (21 de marzo), Día del Agua o de Recursos hídricos (22 de marzo), Día del Medioambiente (5 de junio), en fin, tenemos una cantidad de fechas para acordarnos de nuestra responsabilidad de cuidar la Tierra en que habitamos y sin embargo, no lo hacemos. ¡Por Dios santo, no vivimos en la Luna, ni en Marte, cuidemos este planeta!

Dos de los mayores pulmones del mundo se encuentran en América; la Amazonia y Bosawás. La Amazonia o Amazonía, compartida por 9 países, declarada por Naciones Unidas, el 11 noviembre del 2011, como una de las siete maravillas naturales del mundo, es el bosque tropical más extenso del mundo, con 6 millones de kilómetros.

Bosawás, cuyo nombre deriva de las primeras sílabas de los nombres de: río Bocay, Cerro Saslaya y río Waspuk, fue declarada en 1997 por la Unesco como Reserva de la Biósfera, siendo la tercera Reserva mayor a nivel mundial y la primera de Centroamérica, pero igual, cuenta con múltiples amenazas y enemigos que solo ven en esas tierras el símbolo del enriquecimiento inescrupuloso. Amén del hambre y pobreza que ha empujado a muchos mestizos al despale y a correr las fronteras agrícolas.

La deforestación indiscriminada en más de 250,000 hectáreas en Bosawás ha provocado la extinción de muchas especies. Los expertos dicen que la deforestación contribuye hasta en un 20% a la emisión de gases contaminantes que aumentan el calentamiento global.

Duele tanta indolencia. Duele que quienes deben asumir la carta de la Tierra como una carta de amor a nuestro planeta, siempre postergan su responsabilidad. Y la responsabilidad es de todos. Celebremos cada día el Día de la Tierra, renovando nuestra promesa de honrarla y respetarla. Asumamos como nuestras las palabras finales de dicha Carta: “Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz; y por la alegre celebración de la vida”.

 

* Periodista