Jorge Eduardo Arellano
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Lo acontecido el 14 y 15 de septiembre en La Paz Centro, departamento de León, y el barrio “Carlos Fonseca”, de Managua, así como los ataques de jóvenes enmascarados y armados con palos, morteros, pedazos de tubos, piedras y “miguelitos” el 20 del mismo mes en las carreteras que conducen a León, nos ha dejado consternados y nos ha puesto a la tarea de buscar y encontrar soluciones para salvar la estabilidad de la seguridad ciudadana.

Para que exista progreso y estabilidad en Nicaragua tenemos que concluir como sociedad que la violencia no es la solución, y mucho menos lo es un Estado policíaco o militarizado. La violencia sólo favorece a aquellos que necesitan la inestabilidad para fomentar la corrupción y el favoritismo. La violencia es una herramienta de opresión, y si nos prestamos a ella, nos estamos condenando como sociedad a una calidad de vida marginal y opresiva.

Para comenzar, debemos admitir que nuestra Policía está formada por esa misma ciudadanía que ha venido sufriendo desaciertos de nuestros llamados líderes, que es parte de ese pueblo que necesita oportunidades educacionales, salud, mejor remuneración y de buenos ejemplos y modelos de responsabilidad cívica.

Con todo lo anterior, es justo y admirable su actuación y en especial, la de su 1era Comisionada, Aminta Granera Sacasa, quien admitió desde el mismo momento que se presentó a La Paz Centro, que se había cometido un crimen, un abuso de autoridad. Esa misma noche compartió el dolor de la familia y el de un pueblo que buscaba paz y consuelo. Al día siguiente, con un ejemplar control de mando, ante los acontecimientos de vandalismo de una juventud desenfrenada, decidió contener el uso de la fuerza para evitar lo que pudo haber sido una tragedia mayor.

También hemos visto cómo la Policía se ha mantenido firme en sus investigaciones, demandando que se lleve a la justicia a los culpables y tomando, de inmediato, las medidas necesarias para entrar a investigar todas sus delegaciones. La meta de la Policía es erradicar, con ética y honestidad profesional, los males que nos aquejan. Esperamos que la justicia, siguiendo el buen ejemplo, se encargue de aplicar las penas que los malos y corruptos policías se merecen, por haber causado a la ciudadanía tanto dolor y angustia, y más aun, a la imagen y prestigio de esa honorable Institución. La justicia es una de las soluciones a la violencia.

Es indudable que necesitamos tolerancia para resolver nuestros problemas; por lo tanto, es indispensable que el gobierno tenga visión de nación y respeto a los derechos de opinión, movilización y organización, alentando y activando la libertad de expresión, en vez de coartar la participación ciudadana. La tolerancia es una de las soluciones a la violencia.

La seguridad ciudadana es tarea de todos, por lo que es indispensable que la Policía continué siendo profesional, apartidista y al servicio de la Constitución, ya que dentro de su misión está velar y garantizar por el derecho a la vida y la integridad física de las personas.

Para lo anterior hace falta que el gobierno asuma una actitud madura y respetuosa de los derechos humanos de las personas. Todos queremos calidad de vida, pero para ello es necesario que no se promueva la violencia y menos aun, desde las estructuras de poder. La seguridad ciudadana es una de las soluciones a la violencia.

Somos un país que necesita renovarse. No podemos seguir escondiendo nuestros problemas, hay que sacarlos al Sol con valentía y buena voluntad, a fin de encontrar soluciones. Es una labor en que todos tenemos que cooperar con los ojos bien abiertos, ya que nos hemos venido engañando por mucho tiempo, diciéndonos: “a mí eso no me toca”, pero la verdad es que TODO NOS TOCA A TODOS. El reconocer el problema de la violencia es una de las soluciones a la violencia.


Hasta el 7 de octubre con El Archivo XIII.