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A mí me molesta cuando se afirma que el fin justifica los medios. Además de incomodarme, me siento prisionero. Pensar así es condenarnos al precipicio. Y lo peor que puede ocurrir es que nos cierren todas las puertas de la búsqueda de cualquier objetivo o propósito y estrechar más el camino.

Parece que los seguidores de esa tendencia todo lo quieren resolver con la imposición de la violencia. Vale la pena afirmar que sin esperanza no podemos empezar el día. Para estos, que no creen en los lazos de la solidaridad, todo está supuestamente permitido, con tal de recibir beneficios o imponer cualquier favoritismo, aunque se lesione el derecho de los demás.

¿Por qué hacer el daño para esperar algo mejor? Han pasado siglos y no hemos aprendido la lección. Estamos aletargados. Hasta al silencio hemos reprimido. Nos hace falta oír a nuestra conciencia y a nuestro prójimo que sufre. Aún no vemos la luz al final del túnel, y seguimos por la vía extraviada, derrotados por la inconsciencia, la falta de fe en el otro, el “yoquepierdismo”, lanzando por la borda la oportunidad de cambiar, de sacar adelante nuestras ideas.

La vida no admite recetas. El optimismo es la batalla que no debemos perder. En palabras del poeta cubano José Martí, el optimismo es fuente inagotable en las luchas por el progreso. Los optimistas son los luchadores incansables, los vencedores en todos los tiempos; el amor los alienta, la fe los empuja; por eso alcanzan la victoria.

 

* Poeta y periodista.