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Aunque se haya prohibido por el MINED la venta de gaseosas, los estudiantes continúan comprando meneítos, tortillitas, juguitos, etc. en los cafetines escolares. En Managua padres y madres de familia no están propiciando hábitos saludables de alimentación. En vez de preparar a sus hijos e hijas una merienda saludable, gastan diariamente 20 córdobas por alumno.

Esto es gracias a la ausencia de un programa de educación nutricional masivo que, según nuestra Política Nacional de Soberanía y Seguridad Alimentaria habría de “promover hábitos alimentarios saludables y revalorar el consumo de alimentos locales/nacionales con alto valor nutricional¨.

Crónicamente hemos sido seducidos por empaques glamorosos y publicidad agresiva. Mientras la OMS y FAO recomiendan un consumo de 140 litros de leche por persona por año, en Nicaragua se consumen 70 litros (menos que en Haití). En nuestro país bebemos diez veces más gaseosas que leche, aunque el litro de leche cueste cinco veces menos que el de gaseosa en Rosita, por ejemplo.

Mientras un litro de gaseosa aporta 370 kcalorías sólo de carbohidratos, las grasas y proteínas de un litro de leche aportan 410 kcalorías y los carbohidratos 181 kcalorías más. Para saber si somos consumidores pobres o somos ¨pobres consumidores¨ podríamos calcular el precio actual de cien kcalorías de cada uno de ellos y compararlos entre sí.

En muchísimos centros educativos nuestros escolares y adolescentes están sustituyendo las cinco porciones de vegetales y frutas diarias recomendadas para lograr una alimentación saludable por bebibles y comibles lujosamente empacados.

Comidas y bebidas chatarra han sido denominados ¨productos ultraprocesados¨ por científicos brasileños. Estos ¨no contienen ningún alimento entero. Imitan aspecto, forma y cualidades a la vista, olfato y gusto como versiones de alimentos. La gran mayoría de estos productos contienen resaltadores de sabores, colores, edulcorantes, estabilizantes…Muchos son nutricionalmente desequilibrados, grasosos, azucarados o salados y escasos en fibra y compuestos bioactivos… Su formulación los convierte en hiper-sabrosos, pueden crear adicción... Las políticas dominantes de globalización de los sistemas alimentarios mundiales han concentrado la oferta en un número pequeño de corporaciones transnacionales gigantescas, cuyas ventas anuales superan el PIB de países de tamaño mediano¨. (Monteiro-Geoffrey, Brasil, 2012).

Las Recomendaciones de la Asamblea Mundial de la Salud (2010) de ¨La Promoción de Alimentos y Bebidas no alcohólicos Dirigida a Niños” reza: ¨Los Estados Miembros deben considerar métodos para reducir la promoción de alimentos ricos en grasas saturadas, grasas trans, azúcares libres o sal…Los entornos donde se reúnen los niños deben estar libres de toda forma de promoción de estos productos¨.

Nicaragua estará cumpliendo estas recomendaciones si la Asamblea Nacional aprueba la Iniciativa de ¨Ley de Prevención, Protección y Atención Integral de las Personas que Padecen Diabetes¨, que prohíbe en los colegios públicos y privados la venta de gaseosas, jugos artificiales, dulces y la comida chatarra. No se debería obstaculizar su aprobación. Trascendental para nuestro futuro como nación el cumplimiento de esta Ley.

Después que PepsiCo sustituyó bebidas azucaradas por ¨bebidas bajas en calorías¨ (con edulcorantes muy perjudiciales para la salud), la Coca-Cola anunció en 2010 su retiro de las escuelas y secundarias en todo el mundo, proceso que habrá completado en 2013, (México, El Universal, 2010). El Ejército de los Estados Unidos prohibió a sus soldados las gaseosas y la comida chatarra en sus comedores (Misuri, AP, 2010). ¿Nicaragua no puede también tener una Ley restrictiva en su sistema educativo?

Los países centroamericanos, con estados débiles, económicamente dependientes, deberían regionalizar y transfonterizar sus leyes relativas a la nutrición y alimentación.

Estas leyes sub-regionales para que sean efectivas tendrán que integrar un componente que frene gradualmente la publicidad desmedida y antiética de las grandes corporaciones.

 

* Médica-Pediatra, Máster en Nutrición y Seguridad Alimentaria