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¡Ah, ese perverso Gobbels! Estarás riéndote ahora mientras repetís tu frase: “Una mentira repetida cien veces, se convierte en verdad”. Te acordarás en este momento de tus reuniones con el Führer, cuando se la reiterabas, y entonces, su bigote de cepillo comenzaba a ensancharse lleno de alegría. Porque él confiaba en tu palabra. Tu mentira era su fe. Entonces ordenaba odio, violencia y persecución. Y venían las noches de cristales rotos y de zumbido de sangre, organizadas por sus simpatizantes contra los judíos.

¡Ah, ese 1939! ¡Te sentías inmortal al lado de los tuyos! Pero moriste luego, y con vos, supusimos que ese maquiavelismo comunicativo también fenecía. ¿Qué hacés, entonces, hoy en Venezuela asesorando a un nuevo megalómano, a un fanático del poder? No tiene bigote, y ni falta le hace, se vería mal. Pero sus acciones lo delatan. ¿Qué terribles pensamientos obnubilan su cabeza? ¿Qué malévola jactancia alimenta su ser?

De Capriles, Gobbels, hablo de Capriles. La reciente apuesta que la derecha venezolana lanzó como cara de sus cada vez más vetustas ideas. Un hombre pequeñito que aparece vestido con la bandera de su país, pero que suda perfumes de rosas gringas. Que ansía ver las abreviaciones Inc., Ltd. o la palabra Company en los nombres de las empresas estatales.

Desde hace años venía sonando su nombre, perfilando su figura. Todo por la magia de su abolengo, por la señal de dedo para que ocupara un sitio dentro del partido ultraderechista Copei. Porque a su familia le pareció estupenda la idea de tener a su niño bien dentro del ventajoso “círculo” de la prosperidad política. Pero de la política cuyo sinónimo es ser sagaz, calculador y omnímodo. Y le fue bien. En la primera sacó una diputación. En la segunda movida se le entregó la presidencia parlamentaria. Crecía el chico rico. El joven delgado de labia suelta y saco grande.

Y fue desde esa posición que pudo actuar a sus anchas en el golpe de estado de 2002 contra el presidente Chávez. El liberal de Copei, el de la Mesa de Unidad, el garante de la constitucionalidad, mordió con rabia prestada el orden establecido. Por la sola razón de la egolatría, de la enajenación brindada por la sombra protectora del “arbusto” sembrado en la blanca casa del amo. En la repetición de un libreto escrito por los gringos y mil veces ensayado en los países que quieren ocupar, Capriles se envolvió en su personaje. Guió una columna de “demócratas” que querían asesinar a los diplomáticos cubanos y los asedió durante dos días, hasta que regresó la constitucionalidad.

Ese fue el punto de inflexión que decidió su futuro inmediato. Más que una novela de John Le Carré, lo que siguió fue más la praxis de una teoría articulada desde los medios masivos de comunicación. ¡La aguja hipodérmica! La inoculación de un mensaje que pretende calar en las colectividades para formarles una línea de acción. En este caso, la creación de un nuevo Prometeo. ¡Gobbels sofisticado al ataque! Comenzaste por quitarle el resplandor negro de golpista. Le maceraste esas amistades corruptas. Y lo maquillaste con una mezcla de polvo de republicano y rubor de humildad.

Y lo lograste. Mucha gente creyó en él cuando fue candidato contra Chávez. Al que le dijiste que tildara de dictador para que los votantes le creyeran su némesis. Pero perdió. No hizo altercados porque el margen de votos era demasiado amplio para esgrimir cualquier acusación. Así que se conformó con su gobernación en Miranda, la que ganó por un “cabello de ángel”. Allí estaba, cuando le llegó la nueva oportunidad de hacerse con el poder. ¡A implantar más gérmenes mediáticos!

Y funcionó. Mucha más gente le confió su voto en la contienda contra Maduro, lo que produjo una victoria escasa del socialista hijo de Chávez. Apenas con un margen por debajo de dos puntos. Y esto le bastó a Capriles para ejecutar su plan B. La desestabilización del país, el caos social, la anarquía política, las noches de los asesinatos selectivos, de las quemas de edificios públicos. Las noches de la omisión de la conciencia. ¡Ah, Gobbels rejuvenecido, has vacunado el germen de la muerte de la democracia venezolana!

 

* Docente y periodista

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