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En Nicaragua, ninguno de los que se autodefinen como defensores de la democracia explica qué es lo que entiende por democracia. Por el discurso de sus intelectuales más representativos (Sergio Ramírez, Gioconda, Carlos Fernando, Mundo Jarquín, Onofre) puedo inferir que cuando hablan de democracia están refiriéndose al modelo de democracia liberal burgués y a su aplicación en las sociedades del capitalismo central, especialmente en USA y Europa occidental.

A partir de las pistas de ese discurso, en este artículo me propongo hacer una breve sistematización de los rasgos sustantivos que definen las concepciones de quienes integran dicho sector social.

1) El sistema político vigente en USA y en las sociedades del capitalismo imperialista es el que tenemos que imitar. Las directrices y valoraciones que los gobiernos de estas sociedades establezcan sobre nuestra conducta política son las que tenemos que acatar. Para que haya democracia aquí y en la periferia del mundo es indispensable el tutelaje y la buena calificación de los gobiernos imperiales. Para estos demócratas, nuestro mejor sistema político sería uno que funcionara como en la época de la ocupación colonial yanqui de nuestro país (1910 – 1933): que en vez del actual Consejo Supremo Electoral tuviéramos aquí a los marinos gringos controlando las urnas, contando los votos y decidiendo qué partidos y candidatos pueden participar en las elecciones. Seguramente, para modernizar el sistema, estos demócratas estarían de acuerdo en agregar como ayudantes de los marinos a soldados de la OTAN y representantes de la Comisión Europea. Así Nicaragua se convertiría en ejemplo universal de democracia.

2) Son enemigos frontales de todos los gobiernos que manifiestan en alguna medida, una vocación de independencia y autodeterminación con respecto al Establishment imperial. En América Latina adversan al conjunto de gobiernos que impulsan un amplio movimiento de independencia política e integración latinoamericana y caribeña, desde adentro y desde abajo. Movimiento democratizador, solidario y de resistencia al neoliberalismo como paradigma de política económica (por definición, un proceso antiimperialista). Especial repugnancia les provoca la avanzada de este movimiento que son los países adscritos al bloque ALBA. En consecuencia, se oponen a la unidad latinoamericana y a la solidaridad y cooperación entre los países del Sur, como medio insoslayable para hacerle frente a la dominación imperialista. Y por el contrario se definen como “panamericanistas” y “globalistas”.

Hugo Chávez desde su llegada a la presidencia de Venezuela en 1999, jugó el papel determinante en la creación e impulso de este nuevo proceso latinoamericano que cambió la correlación de fuerzas políticas en la región, en detrimento del pacto estructural imperio – oligarquías. Mientras vivió, nuestros demócratas gastaron ríos de tinta y saliva para demonizarlo y calumniarlo (“dictador populista”, “caudillo autócrata”, “macho con exceso de testosterona”, etc.). Muerto Chávez enfocan sus baterías contra el nuevo gobierno bolivariano, apoyando las acciones terroristas y desestabilizadoras del facistoide Henrique Capriles.

3) Han celebrado y apoyado los golpes de Estado y acciones desestabilizadoras fraguadas por el binomio imperio – oligarquías contra los gobiernos progresistas latinoamericanos: los fallidos golpes contra Chávez, Evo y Correa, el exitoso golpe contra Lugo, el actual intento de golpe en Venezuela… Pero donde echaron las campanas a tronar fue en Centroamérica, cuando se dio el victorioso golpe de Estado contra Manuel Zelaya en Honduras. Todos los ideólogos, desde Gioconda hasta Carlos Fernando, pasando por el inefable amigo Onofre (quien a veces tiene el cuidado de acotar distancias con el sector), escribieron o peroraron para colocar la realidad patas arriba: Zelaya convertido en victimario, en el responsable de la ruptura del orden constitucional; y Micheletti y su pandilla en las víctimas, en los restauradores del Estado de Derecho.

4) A estas alturas del artículo, puedo calificar a estos demócratas como lo que son: demócratas colonizados o, mejor, demócratas con alma de colonos. Lo que no ven o no quieren ver, sea por interés derivado de sus fuentes materiales de vida, sea por alienación ideológica, sea por una combinación de ambos factores, es que en ninguna sociedad del Norte capitalista el poder político está controlado por el pueblo, sino por las oligarquías económicas. Que su modelo es una estafa. El modelo de democracia liberal burgués y su aplicación especialmente en USA y Europa occidental, apesta a podredumbre y chorrea sangre.

Y como sucede con el socialismo, la democracia en su sentido etimológico profundo (gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo) es una utopía por construir, paralelamente a la construcción de la utopía socialista. (Ver mi artículo, END, 23/4/13).

 

* Cientista social

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