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El mes de mayo, quinto del año calendario, en casi su central ubicación, tiene privilegios comparables en importancia al último del año, que se conjuga con el primero. Desde sus primeros días va menguando el calor del verano trópico, y al caer las primeras lluvias, del agua absorbida por las nubes, de mares, lagos y ríos; apaciguándose el calor, de los campos humedecidos brota la naciente hierba, que con su verdor aviva la esperanza.

El privilegiado mayo ha sido denominado por el Magisterio de la Iglesia como el mes de María, la madre amantísima de JESÚS y de todos los que así la reconocemos, aceptando el legado que su divino hijo hizo a su apóstol San Juan, antes de concluir su cruento martirio. También, el 30 de mayo, en nuestra Patria ha sido declarado día de la madre.

Quizá para algunos como yo este tema puede ser de sumo interés, ya que trata de la que llevándonos en su vientre nos dio el ser, y que para los que, estando en temprana edad, al cielo DIOS se la llevó; si ella antes, con su amor supo inculcarnos la fe y la devoción a María, al haberse perdido la madre biológica, sin olvidarla jamás, es sustituida con la madre espiritual, la que así muy bien duplicada nos lleva incluso a triplicarla en la madre patria.

Así la madre patria, si sabemos apreciarla, por disposición divina y el generacional conducto de nuestros progenitores, más la natural progenie, se expande la familia humana, que socializándose fraternalmente se va expandiendo, saliendo incluso fuera del propio terruño; y los que en ella permanecemos, da pena reconocerlo, pero, no siempre la apreciamos ni respetamos como debería ser, ya que después de DIOS, a quien todo se le debe y María Santísima nuestra intercesora, por la conjunción de nuestra patria subsistimos.

Ahora me permito hablar de la Virgen María, madre de nuestro Redentor y madre nuestra, que en Nicaragua desde antaño, casi la generalidad del pueblo le rinde un culto especial, denominándosele Reina de Nicaragua, también de manera especial nos ha dado el privilegio de su aparición en Cuapa, en distintas ocasiones, al sacristán de la Ermita, Bernardo Martínez, que posteriormente fue consagrado sacerdote y que fenecido está ya con los bienaventurados.

La primera aparición al vidente fue el 8/5/80, efectuándose varias en fechas distintas, habiendo algunas veces portentosas manifestaciones, que comprobadas por muchas personas, han motivado frecuentes romerías de millares de creyentes y de otros más por distintas razones. Como el caso del embajador del Japón, señor Ryo Kawde, en su visita el 25/07/85 (al ahora, desde el 13/1/13: declarado Santuario de Cuapa). Dicho señor escribió al Nuncio Apostólico, Monseñor Montezemolo, para decirle que sin ser cristiano, por lo que vio en el cielo, reconoció el milagro. Así también, el bien recordado Pablo Antonio Cuadra, al visitar el sagrado recinto dijo: “Si aquí no apareció la Virgen, la verdad no existe”.

En una de sus apariciones, la Virgen María, sabiendo de la crónica situación de violencia que ha perdurado en nuestra sufrida patria, con el vidente a todos nos mandó a decir que no solamente pidamos la paz, sino que cada uno por los medios morales y cívicos, haciendo uso del amor que DIOS a todos nos da, tratemos de construirla; y unidos luchemos para erradicar de nuestros ambientes la egolatría y la corrupción, que son los obstáculos que lo impiden. Así con la intercesión de María de Cuapa y todas sus advocaciones, DIOS nos dará el coraje para situar a nuestra patria en el digno sitial que se merece. ¡Dios bendiga a las madres!

 

* Miembro de Ciudad de Dios y Redemptor Hominis