Por Héctor Avellán
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Las cárceles de Nicaragua están llenas de mujeres, las calles cada vez más llenas de delincuentes. Delincuentes comunes de saco y corbata como el ex-presidente Arnoldo Alemán, quien a vista y paciencia de todo el pueblo circula campantemente por todo el país con el permiso de su carcelero. Las llaves de la cárcel sólo suenan para las mujeres, los pobres, los indígenas y negros, los homosexuales y las lesbianas en Nicaragua.

La gente en Nicaragua ha dejado de creer en la justicia. Los noticieros, enrojecidos con la sangre del pueblo, transmiten linchamientos a pequeños rateros de barrios, la gente toma la justicia en sus manos porque los otros, los grandes delincuentes, están libres, y nos gobiernan. Los problemas de justicia de la gente no son resueltos por las instancias de justicia. Las Cortes Internacionales de Justicia se reúnen en Nicaragua y se sientan a la mesa con el mayor delincuente del país. Y aunque ha habido grandes esfuerzos de modernización, apoyados por la cooperación internacional y gente de bien que aún queda, la justicia en la percepción de la gente es muy negativa y es para los ricos.

Las cárceles están llenas de mujeres que para su sobre vivencia y la de sus hijos e hijas caen en manos de grandes narcotraficantes libres que las utilizan para trafico ilegal como muleras o para vender y distribuir en pequeñas cantidades en los barrios a los jóvenes que se resisten a ser tragados por una sociedad que sólo les ofrece maquilas, miseria, drogas y alcohol.

Con la reciente acusación de las nueve mujeres del movimiento feminista que se abanderaron en el caso de la niña Rosita violada repetidamente y embarazada por su padrastro y a la cual la alta jerarquía católica quería condenar a muerte o a una maternidad forzada a tan temprana edad, privándola de su infancia y de su derecho a la vida; estamos ante la consolidación y la primera acción explicita de un estado totalitario y confesional, represivo, vengativo y al servicio de grupos fundamentalistas religiosos y de la alta jerarquía de la iglesia católica, quienes son verdaderamente los que están detrás de esta campaña para callar de una vez a quienes mal que bien han defendido el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y sus vidas.

Es así que primero han condenado a muerte a todas las mujeres pobres de Nicaragua al penalizarse el derecho al aborto terapéutico, y ahora quieren condenar, y así lo harán, a las que se han abanderado de esta lucha, a través de la complicidad entre el fundamentalismo religioso católico y el oportunismo político.

Esto no es una persecución política, esto es misoginia, odio a las mujeres, a las mujeres que defienden sus derechos. Para callarlas y dar una lección al pueblo. Hoy son ellas, mañana somos todos.

Una amiga alemana, más amiga de Nicaragua que mía, enamorada ella del pueblo de Nicaragua, de su fuerza para salir adelante ante las adversidades, ante los desastres naturales a la orden del día; de su determinación para derrocar a una de las dictaduras más crueles de la historia; de su capacidad de levantarse cada día para seguir adelante y a pesar de todo sonreír y beber hasta caer, y reírse de la misma desgracia; me expresó que no entendía porqué después de todas las luchas y conquistas estábamos así, sumidos en una miseria profunda, en una depresión nacional y en tanta desesperanza.

Entonces yo no supe responderle, sólo me sentí muy cansado, y me vino a la cabeza el eco de la voz de Alejandro Mejía, el triste rockero, heredero de una tradición de buenos músicos de protesta en Nicaragua, los de Ay Nicaragua, Nicaraguita; con su versión del poema de Roque Dalton, El Tigre y el Canario:

Sepa usted señor mío,
que me vanaglorío
de que a su mismo lado
me tengan enjaulado
-Le dijo el tigre al pávido canario
que también se encontraba prisionero
soportando ese mísero calvario
ni más ni menos como el tigre fiero.

-Yo también, señor tigre,
y mientras no peligre,
celebro que a su lado
me hayan colocado
-le contestó el canario un poco serio.
Y luego le pregunta: -diga, amigo,
¿Por qué es que nuestro pérfido enemigo
lo tiene en tan penoso cautiverio?

-Porque soy sanguinario
-Le contestó al canario
el temible felino-
y sobre usted, vecino,
¿Cuál es la seria acusación que pesa
que lo tienen sumido en tal quebranto?
Y contestó el canario con tristeza:
-A mi me tienen preso porque canto.

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