Jorge Eduardo Arellano
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Las implicaciones económicas, ambientales y sociales que conlleva el proceso de cambio climático en la actualidad deben llevar a los países, líderes políticos y a la sociedad en su conjunto, a emprender acciones concretas para paliar los devastadores efectos que éste tendrá en el mediano plazo y que se reflejará negativamente en el desempeño de la economía mundial, así como en el retroceso en los indicadores de reducción de pobreza en varias regiones del planeta.

El cambio climático es un complejo desafío político al que está siendo confrontada la sociedad moderna y su marco conceptual acerca del desarrollo. El mundo está dividido en lo concerniente a la puesta en marcha de políticas públicas en los ámbitos nacionales, regionales y principalmente en las esferas supra regionales.

La redefinición del sistema industrial de producción a nivel global con nuevos paradigmas estructurales que den al proceso industrial del siglo XXI una dimensión de sostenibilidad, es una tarea mucho más política que económica; y en la que los principales actores llamados a incidir decisivamente en esta reconversión industrial son los países más ricos del planeta. Sin embargo, muy pocos líderes en los países desarrollados están en disposición de asumir los costos políticos que implicaría el emprender las acciones paliativas y remediales de que requiere con urgencia la lucha contra el cambio climático en el corto plazo.

De acuerdo con el Informe sobre el Desarrollo Humano en el año 2007-2008 elaborado por el PNUD, el desafío más importante en términos de políticas públicas encaminadas a reducir los efectos del cambio climático es la distribución de los costos. Si bien es cierto que todos los países corren el riesgo de sufrir las catástrofes naturales que aquel conlleva, los países más vulnerables son los pobres, quienes precisamente no contribuyen actualmente, ni han contribuido en el pasado de manera significativa en la emisión de gases de efecto invernadero.

Desde el año 1856, en la era preindustrial, hasta el año 2004 se había registrado un aumento de 0.8 ºC en la temperatura del planeta, una variación muy importante en poco más de un siglo. La presencia de carbono en la atmósfera también se disparó en ese mismo período de 225 ppm (partes por millón) de CO2 a 375 ppm de CO2 concentrado en la atmósfera. Las emisiones de CO2 a la atmósfera también se dispararon de 0 gigatoneladas en 1856 a 30 gigatoneladas de CO2 en 2004.

Estos son los efectos más palpables del impacto de la industrialización que los países ricos del planeta llevaron acabo y que ahora está pasando la factura a toda la humanidad.

El compromiso debe ser asumido ahora. La negativa de Estados Unidos a firmar el protocolo de Kyoto es un duro golpe a los esfuerzos internacionales encaminados a bajar los estándares de contaminación ambiental en el mediano plazo. Siendo Estados Unidos uno de los países que más contamina, su negativa es casi una condena al fracaso de las iniciativas contempladas dentro del Protocolo de Kyoto.

Estados Unidos tiene el índice per cápita de emisión de CO2 más alto del planeta. El promedio mundial es de 4.5 toneladas y el de Estados Unidos es de 20.6 toneladas. La sociedad norteamericana es una sociedad con un consumo irracional de energía producida a partir de fuentes fósiles. Como en determinado momento lo han declarado eminentes políticos en Washington, es una nación adicta al petróleo.

Es urgente actuar hoy. Los niveles actuales de contaminación ambiental estarán presentes en nuestra atmósfera por los próximos cien años. Si no se hace nada, y al contrario seguimos emitiendo CO2 y contaminado aún más los efectos serán devastadores en el mediano plazo, aunque los políticos actuales no lo tomen en consideración por el momento ya que en la actualidad la afectación económica no llega a niveles catastróficos.

Si se comienza a actuar en estos momentos será posible contener el calentamiento global alrededor de los 2ºC por encima de la temperatura de la era preindustrial a lo largo del siglo XXI. Hágase lo que se haga ya es prácticamente imposible frenar el aumento de temperatura global en los primeros cincuenta años del presente siglo. Las acciones de hoy sólo rendirán algunos frutos dentro de algunas décadas.

Ningún país por sí solo puede ganar la batalla contra el Cambio Climático. Este desafío requiere de acciones conjuntas y de la voluntad política de los principales países contaminantes en el sentido de apartarse de la mera reflexión económica acerca del impacto de las políticas de contención del Cambio Climático en el corto y mediano plazo sino que deben ver el problema desde un ángulo más integral: el de la sobrevivencia de la sociedad humana.


*El autor es especialista en economía gubernamental y administración financiera pública. Catedrático invitado de la Universidad Autónoma del Noreste, México.