Lic. Myladis Espinoza Moncada*
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El virus de inmunodeficiencia Humana se convierte cada vez más en una amenaza para el desarrollo de la humanidad. Ante esta situación, se han venido trabajando aspectos relacionados a la pandemia pero desde una perspectiva adultista que no ha permitido visibilizar el grave impacto que ocasiona en la niñez.

Sólo para darnos una idea, en Nicaragua según las últimas estadísticas 2006 del Ministerio de Salud, se registraron 67 situaciones de VIH en edades de 0 a 4 años (34varones y 33mujeres) , 10 en edades de 5 a 9 (1varones y 9mujeres), así como 9 en edades de 10 a 14 (3varones y 6mujeres) y 177 entre 15 a 19 años (90varones y 87mujeres), esto nos indica que la población de la que menos se habla en este tópico, es la más afectada. Por consiguiente las cifras son una alerta para no seguir obviando la responsabilidad que tenemos en priorizar y abordar con sensibilidad las consecuencias de la pandemia en la vida de estas niñas, niños y adolescentes.

Lastimosamente las afectaciones hacia la niñez se dan desde diversos escenarios, primero por que son vulnerables al virus al no ser informados de manera adecuada sobre las causas y consecuencias del mismo, en la familia no es un tema común hablar de sexualidad y las escuelas que es el segundo hogar se limitan a hablar de la prevención. Por otra parte, cuando la niña o niño es hijo de personas diagnosticadas con VIH, son discriminadas y excluidas de las relaciones sociales, lo peor es que no hemos reconocido que la niñez queda en orfandad y por ende vulnerable a otras situaciones que ponen en peligro su vida.

Es hora de que actuemos. Hablar de VIH significa trastocar visiones, sentimientos, tabúes, actitudes y temas de la sociedad que han puesto barreras para trabajar la prevención, el resultado de ello: la niñez como principal víctima. Debemos estar consientes que ésta es una situación de salud pública en la que todas y todos desde nuestros roles tenemos la responsabilidad de aportar a la prevención puesto que hasta hoy, es la única manera hacerle frente a la pandemia que afecta a todos por igual, directa e indirectamente.

Así, el Estado como garante de los derechos de las y los sujetos sociales, está en la obligación de velar por el cumplimiento y acceso a las mejores condiciones de educación y salud elementos fundamentales para que las niñas, niños y adolescentes sean el presente y futuro del país. En este sentido, según el artículo 24 de la Convención sobre la niñez, parte I, establece que al Estado reconoce el derecho del niño a un nivel de salud adecuado y al servicio para el tratamiento de las enfermedades en la rehabilitación de la salud. Así mismo lo aborda el Código de la Niñez y la Adolescencia en el artículo 33.

Por lo anterior, es necesario empezar a hablar y a demandar en el marco de los derechos, el debido tratamiento y asistencia  que necesita la niñez víctima de VIH, el acceso a los antirretrovirales, propiciar la no discriminación y promover la prevención a partir de la educación sexual y reproductiva, reconocer que las niñas y niños son seres sexuados y que la información que se les brinde debe ser acorde a cada etapa de vida, de esa manera estaremos contribuyendo a disminuir el VIH.

Se requiere entonces de una ciudadanía dispuesta a realizar cambios, asumir responsabilidades, traspasar retos, que sea fuerte, sensible a la problemática, con espíritu emprendedor de iniciativas que vayan más allá de promover el uso del condón como una alternativa para disminuir la propagación del Virus, sino hacer énfasis en la prevención a través de información sin tabúes; que en la familia sea un tema común hablar de sexualidad y que las escuelas incluyan en su currícula la educación sexual, visibilizar a la niñez en temas que le afectan y/o beneficien. “La niñez y adolescencia es prioridad, informarlos es nuestra responsabilidad”.

*Comunicadora Social
milymoncada@yahoo.com
miladysmoncada@dosgeneraciones.org