Jorge Eduardo Arellano
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“Casi siempre dejamos de apreciar el bosque por fijar la mirada en un árbol”. HE.


¿Cuántas veces al día nos lamentamos de ser un país pobre o empobrecido, de carecer de oportunidades, de no tener espacios en los diferentes ámbitos del desarrollo? ¿Cuántas veces al día pensamos en las oportunidades que dejamos pasar, a veces de manera irresponsable, y no las aprovechamos para obtener resultados positivos, que nos permitan crecer como seres humanos, como comunidad, como nación? Siempre buscamos quien tiene la culpa. ¿Cuestión cultural? ¿Idiosincrasia de Güegüences? Quién sabe. Lo cierto es que seguimos siendo el último país en desarrollo en la América Continental.

La actitud es una especie de premisa que permite a cada quien alcanzar la cima o quedarse en el subterráneo. Algunos utilizan la estrategia maquiavélica de alcanzar fines justificando cualquier costo, incluso humanos. En materia de salud pública, el panorama no es nada halagador para los próximos 20 años, pues se estiman: un millón de diabéticos, dos millones de hipertensos, medio millón de personas con demencia, más de la mitad de los diabéticos e hipertensos en la fase terminal de neuropatías, porcentajes considerables de niños desnutridos, etc., etc. Por si faltara algo, cuántos casos de lesionados medulares víctimas de accidentes de tránsito o de situaciones de violencia a CONSECUENCIA DEL ALCOHOL. ¿Dónde podemos incidir?
La libertad no significa hacer todo lo que se quiera, sino lo que se deba, siempre respetando a quien tenemos al lado. Y lógicamente, que si es para bien. No debemos borrar con la derecha lo que hacemos con la izquierda. ¿De qué sirve corregir 15 a 20 malformaciones de algún tipo, si estamos generando de 100 a 200 muertes más 500 conflictos violentos producto de otra acción que desarrollamos por otro lado, producto del alcohol, más específicamente? Cuando de repartir responsabilidades se trata, pensamos en quién tiene la mayor culpa, si quién lo consume o quién lo produce y lo promueve las 24 horas del día, en todos los espacios posibles, incluyendo en los accesos principales de templos religiosos.

Cuando los más afectados son los que no tienen voz, eso no importa. Similar a los miles que llevan más de 2 años en champas de plástico reclamando un derecho humano, LA VIDA, porque se les están paralizando los riñones y sus hijos nacen con deformaciones producto de los químicos usados para enriquecer a unos pocos. Esos no atraen cámaras de televisión, ni parabólicas, ni les ponen retretes bonitos para defecar, ni reciben visitas de celebridades para posar en fotos de portadas principales en los periódicos. Esos no existen. Cuánta hipocresía. Alguien del pueblo decía en estos días, al pasar por uno de esos lugares, que si se le ocurría al Nazareno regresar un día no iba a dilatar 33 años, ni siquiera uno. Cuánta verdad. Con estos romanos contemporáneos no cabe la menor duda.

Es necesario definir y establecer POLÍTICAS PÚBLICAS CONSTITUCIONALES, que sean cumplidas por uno y otro gobierno de turno y que vayan en beneficio, en principio, del 65 % que se ubica en la extrema pobreza. Que se redistribuya la priorización de los recursos del Estado y, por ejemplo, que las condiciones que hoy tienen los políticos sean transferidas a los hospitales, centros de salud y centros de educación, hablamos de los ambientes climatizados, el mobiliario, la transportación, la seguridad, las dietas, los miles de dólares en salario, los estipendios y prebendas, etc., etc. Qué injusto que un médico pase 34 horas continuas de trabajo exigente y delicado, mal alimentado, cada 3 días, en un ambiente de calor y olores desagradables, con presiones de diferentes tipos (jefes, familiares, etc.), y al terminar el mes recibe un salario que apenas le alcanza para dos semanas, cuando un político recibe hasta 10 veces más por apenas una décima del esfuerzo del primero. ¿Quién tiene la culpa de todos estos desajustes? Busquemos la solución pronto, mañana puede ser muy tarde.


Código Minsa 6950.