Jorge Eduardo Arellano
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Según Sigmun Freíd, “La angustia es uno de los conceptos más importantes de la teoría del psicoanálisis. Además posee un significado central de la teoría de la neurosis”.

Indudablemente, el comportamiento humano obedece a estímulos y sensaciones, sobre todo a las alteraciones neuro-cerebrales producidas por sustancias psicotrópicas que alteran el comportamiento y la conducta, como la droga y los antidepresivos, entre otros.

Actualmente, es lógico suponer que una persona que carece de medios de subsistencia o cuyo ambiente está rodeado de adversidad viva en conflicto y angustia.

Pero, no es lógico admitir que ante la problemática que surge día a día en el plano económico, social, político y familiar, el ser humano tenga que reaccionar con crueldad, violencia y agresividad.

Si en nuestra infancia y adolescencia no hemos encontrado el apoyo, la comprensión y la ternura de nuestros seres queridos, en primer plano “Los padres” que son los que ponen el sello del comportamiento futuro de los hijos, ¿cómo vamos a reaccionar ante la sociedad si estamos carentes y desprotegidos de estos valores…?
Hay una parte de la vida en la cual uno aprende a superar las adversidades, ya sea por el instinto de supervivencia o por hábitos ingeniosos que nos ayuden a prevenir el dolor, la angustia y la frustración.

Pero eso se logra solamente en el largo caminar, luego de haber llegado a la madurez, y después de haber experimentado en nuestra propia piel los duros golpes que nos tiene reservado el destino.

Los sociólogos dicen que la violencia es un desahogo de emociones reprimidas, pero, en nuestro país y en el mundo entero, se ha convertido en un virus mortal que amenaza con regresarnos al estado primitivo de las cavernas.

Si miramos los rostros de las personas que a diario circulan en las calles, notaremos preocupación, impaciencia, nerviosismo.

El estrés nos agobia y hace que por momentos perdamos contacto con la realidad, para convertirnos en seres huraños y agresivos. Lo peor es que nuestro comportamiento ya trasciende a través de la frontera patria. Tenemos fama de “bochincheros” mal educados y tramposos. Todo tiene sus orígenes, y entre otros, está el consumo excesivo y peligroso de bebidas alcohólicas, la extrema pobreza y miseria humana en que estamos sumidos.

La guerra comercial e inescrupulosa que se ha desatado entre los fabricantes de ron y cervezas, teniendo como pretexto y escenario siempre la juventud, ha sublimizado el consumo de esta droga.

Hay una incidencia alarmante de chavalos iniciados en el alcoholismo, y esa droga letal es la puerta de entrada al infierno.

La juventud tiene la mente perdida por la vorágine del sexo libre y la vida desenfrenada. En los colegios y universidades hay un pésimo rendimiento académico y un comportamiento social vergonzoso.

Recuerdo que antes se estudiaba un librito de “Moral, Urbanidad y Civismo”; era una materia vital para pasar el año. Uno llegaba a aprendérselo de memoria y por supuesto ponerlo en práctica.

Hoy en día, esas tres palabras son expresiones raras en peligro de extinción, porque muchos seudos-universitarios, solamente se preocupan por pasar la clase de lanza morteros, especialidad en el arte de quemar vehículos ajenos, causar destrozos y sembrar el pánico entre la gente. Seguramente sus profesores se graduaron con honores en la escuela de Maquiavelo.

¿Serán estos muchachitos los futuros profesionales que sacarán adelante la pobre economía de nuestro país…?
¿Serán estos futuros Padres de Familia quienes pongan las bases de una sociedad donde los valores espirituales, morales y cívicos sean respetados…?
Vivimos en un mundo en efervescencia y conflicto, bajo la creciente amenaza de una anarquía o de un estallido social de fatales e impredecibles consecuencias.

Los países subdesarrollados reclaman con violencia su derecho a la supervivencia ante el hambre, la explotación y la miseria social en que viven. Y Nicaragua está en esta lista negra.

La corrupción (palabra gastada por costumbre) está en todos los ambientes, la gente se ha vuelto envenenada, agresiva y llena de odios, producto de sus propias frustraciones.

Vivimos enojados con nosotros mismos “por el conformismo” a que nos ha llevado el hambre, el desamparo y la falta de oportunidades, y nos desquitamos con el que se nos ponga de frente: el marido, los hijos, el vecino, los amigos, etc.

Nadie se escapa de las afecciones psicosomáticas y las perturbaciones de orden espiritual: los hombres de empresa, los obreros, los intelectuales, estudiantes, profesores, amas de casas, etc.

Todos estamos afectados por la dolencia del siglo: “La angustia mental”.

En cada rostro y bajo cada piel, se esconde un rencor oculto, un bajo instinto, un deseo malsano que induce a cometer crímenes atroces.

Creo que ciertas personas llevan escondido en un lugar oscuro del cerebro una especie de “Caja Negra”, donde quedan registrados los impulsos más primitivos y perversos.

Talvez sea el reflejo de un “Yo” reprimido ante una sociedad decadente y altamente hipócrita que aparenta mansedumbre y en su fuego interno arden bajas pasiones.

Me gustaría haber estudiado psicología, no tuve oportunidad de hacerlo y estudié una carrera equivocada, pero me apasiona leer documentos y escudriñar sobre el comportamiento humano.

La mayoría de los nicaragüenses sufrimos de un síndrome de persecución psíquica, ansiedad y temor, producto talvez de pasadas guerras, hambrunas, asonadas, morterazos y política sucia; se nos ha desarrollado un instinto de autodefensa que nos hace actuar como las fieras: sacar uñas y dientes y atacar antes que nos hagan daño. Pienso que debemos controlar nuestras emociones y tirar a la basura todo lo que nos atormenta y no nos deja vivir en paz.

Pero también opino que debemos comenzar por liberarnos del MIEDO y reclamar ante la sociedad nuestro derecho a vivir una vida libre de ataduras psíquicas, sociales y políticas.

Que nadie reprima nuestro derecho a hablar y a expresar por escrito públicamente nuestro pensamiento.

Que nadie pretenda imponernos ideologías que van reñidas con nuestros principios cristianos y que atentan contra la dignidad humana.

“Amarse y respetarse a sí mismo es el comienzo de un romance que dura toda la vida”, dijo el gran escritor inglés Oscar Wilde.

Valora tu existencia. No dejes pasar por alto ni calles ante las injusticias sociales, el atropello y la falta de dignidad y moral que existe en los gobernantes y políticos sucios que venden su voluntad al mejor postor.

No permitamos que la corrupción y los bajos instintos prostituyan a la familia, a la sociedad y a nuestra sufrida Nicaragua.


Matagalpa.