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El sincretismo de lo mágico y religioso es práctica común de brujos y magos. Para ejercerlas es requisito la práctica continua, profundos estudios, discreción, constancia, tener fe en lo que se hace y resignación cuando algo sale mal. Quien quiera poseer el Don de la Magia tiene que ser ante todo hombre virtuoso, invariable en sus palabras y acciones. Sus herramientas son: invocaciones, conjuros, sortijas, talismanes y amuletos.

En la antigua China, emperadores solicitaban cura mediante tratamientos mágicos, y cuando éstos no surtían efecto, el chamán pagaba con su vida, mediante aplicación de torturas o descuartizamientos.

El sitio más adecuado para hacer las invocaciones será siempre la cima de una montaña, lo que practicó en vida el brujo mayor jinotegano conocido como Nando, que atendía en la cima del Cerro de la Cruz. Las subidas y bajadas de pendientes, consultas individuales, sonrisas burlescas, palabras soeces, oración conjunta, cáscaras naturales y gargajos con fuerte olor a tabaco; juntas todas esas acciones resultaban ser una cura efectivísima.

A los brujos no les gusta ser amigos de los ladrones, tanto por el peligro como por el poco efecto que tienen las pócimas ante el miedo permanente. Cierto día se presentó un joven ante un brujo experimentado, portando un arma de fuego en una chaqueta color negro; rebeló “andar en algo grueso”, su principal problema era que soñaba con cabras, dragones y policías que lo mataban en intercambios de disparos, por lo que requería ayuda para volverse invisible cuando despojaba a las personas de sus automóviles, motocicletas o bienes de valor.

Durante la sesión se suministraron candelas, el Talismán de Júpiter para desterrar pesares y temores; se rezó una oración después de las doce de la noche en un cuarto forrado de color negro, y un líquido amarillento para que ninguna persona pudiera verlo en el espacio de tiempo que durara su fechoría.

Las consultas y rezos se hacían los miércoles a medianoche cada mes, preferiblemente en luna llena, que rige los sueños y ganancias ilícitas, combinada con Escorpión. Tiempo después el joven fue capturado con unas cuantas docenas de motos y autos robados. El brujo se reía, ya que decía que nada engaña mejor que una mentira bien tratada y que para lograrlo combinaba varios trucos: estampilla de la oración del puro, talismán barato, candelas decoradas y una botella con líquido que contenía orines amanecidos mezclados con desinfectante.

La estrategia del brujo se basó en que nunca quiso ayudar al golfillo a superar sus temores y ser invisible; aunque pareciera que en cada consulta trabajaba arduamente en descifrar sueños, superar temores y fortalecer su trabajo ilícito, en el fondo actuaba contrariamente.

Actualmente ambos personajes tomaron caminos diferentes: el brujo descansa en la Paz del Señor y el asaltante poco le falta para cumplir su condena en la Cárcel Modelo. El secreto de la brujería es tramar bien una mentira, y si es doble, es más creíble y apetecible.

 

erickj_brenes@hotmail.com