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Según la tradición Judía Pentecostés ha sido para ellos la fiesta conmemorativa en que el profeta Moisés recibió de DIOS, en el Monte Sinaí, grabados en láminas de piedra, los diez mandamientos de la Ley de DIOS; y a dicha fiesta anual asistían hasta de los más lejanos lugares de su diáspora circunstancial. Asimismo, la Santa Iglesia conmemora dicho día la venida del Espíritu Santo, cumpliendo El Señor su promesa a los 50 días de su Ascensión.

Ya que JESÚS, divino redentor nuestro, DIOS y hombre verdadero, después de haber cumplido su misión salvífica, sometiéndose al cruento martirio de la cruz y gloriosamente resucitado al tercer día; antes de ascender al cielo, a integrarse como segunda sacrosanta persona del DIOS TRINO Y UNO; guiándonos a la salvación, desde Su Iglesia en la Eucaristía quiso avivar la médula de su amor, con el Paráclito en la también sacrosanta persona del Espíritu Santo.

Por tal razón la Santa Iglesia, este 19 de mayo, conmemora el solemne y portentoso día de Pentecostés (que es variable según la Liturgia). El Señor, al despedirse de sus apóstoles les ofreció con su ilimitada magnanimidad, enviarles el Espíritu Santo, el que al haber recibido dicho venturoso día la infusión de Su Santo Espíritu, así fortalecido su ánimo, con inusitada valentía proclamaron a todos la buena nueva, que confirmaron con su sangre en el martirio.

Desde entonces como esa vez, sigue fluyendo copiosamente Su Santo Espíritu a todo el que trata de ajustar su fe a su existencia, abriendo su mente y su corazón para recibir su divina infusión; y acatando su voluntad que es el bien. Quien se decide a seguirle es partícipe y colaborador del mensaje de salvación; y de tal manera en poco más de dos milenios se ha incrementado la doctrina cristiana hasta cerca de un tercio de la población mundial.

Es cierto que humanamente ha habido múltiples fallas y desviaciones, pero está latente su promesa, que ÉL siempre estará presente hasta la consumación de los siglos y el mal no prevalece contra Su Iglesia. Por eso, a pesar de dichas fallas y desviaciones, si con humildad, arrepentidos imploramos su misericordia, ÉL está siempre presente para confortarnos y desde la Sagrada Eucaristía con la Luz de Su Santo Espíritu disipar las tinieblas de nuestro camino.

El Sumo Pontífice emérito, Su Santidad Benedicto XVI, antes de su renuncia, en febrero del año en curso, lo proclamó con toda solemnidad: AÑO DE LA FE; por lo que por el presente y el futuro, los que por Gracia de Dios hemos tenido el privilegio de recibirla, vale la pena que siguiendo el mandato pontificio, lo hagamos vida a plenitud, depositando nuestro futuro con absoluta confianza en su divina Providencia; y siempre tratar de acatar su voluntad.

Este año, el dos de diciembre, también será la celebración del centenario de haber sido declarada por la Santa Sede, Nicaragua como Provincia Eclesiástica, siendo así de hecho nuestro país independiente de Guatemala, a la que por disposición pontificia pertenecía. Por lo que en dicho centenario, para que sea una digna y meritoria conmemoración, debemos tratar de erradicar la corrupción y la violencia de los ambientes malsanos por la falta de DIOS.

Que MARÍA SANTÍSIMA interceda por nosotros para alcanzar nuestro objetivo de acatar la voluntad de DIOS a plenitud.

 

* Miembro de Ciudad de Dios y Redemptor Hominis