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Sin necesidad de recurrir a las estadísticas puede afirmarse que la afición por el futbol crece a diario. Cuando juegan los equipos de España los lugares con televisión se llenan. Las clases se suspenden. Deporte sano dicen. Pero en el capitalismo no existe nada sano. Levantemos la cobija.

Brasil es un país que todo nacionaliza. Hasta Dios es brasileño. Será el escenario del próximo Mundial. Muy bien. Pero no hay semana que no aparezcan fraudes financieros. Sobreprecios en las obras de los estadios. Incumplimiento de plazos en construcción de estructuras, aeropuertos y carreteras, sin mencionar a las telecomunicaciones.

El futbol es en Brasil una pasión nacional. Por eso pasan cosas raras como si fueran sin importancia. Veamos a la Confederación Brasileña de Futbol. Entidad privada sobre la cual el Estado no tiene injerencia, pese a que aporta millones de dólares anuales.

El actual presidente se llama José María Marín. Preside el comité organizador del Mundial. Es viejo conspirador del deporte. Antes fue diputado en São Paulo, en tiempos de la fase más negra de la dictadura militar. Era afiliado al partido del gobierno. En 1975, siendo parlamentario, denunció la infiltración del comunismo en la emisora pública y pidió medidas urgentes. Detuvieron a Vladimir Herzog, director de periodismo de la emisora que murió torturado. Ese es el jefe máximo del futbol en Brasil. Dilma Rousseff, que estuvo presa y torturada por la dictadura, se niega a recibirlo. Romario, astro del futbol y diputado federal, encabeza una campaña pública para destituirlo.

Marín asumió la presidencia de la CBF hace un año. Hay pruebas concretas de sobreprecio en obras contratadas para el Mundial. La sede de la entidad ha sido comprada por 35 millones de dólares, el doble de su valor.

Su antecesor es otra flor de basura llamado Ricardo Teixeira. Llegó a la vicepresidencia de la FIFA, que organiza los mundiales y controla el deporte en todo el planeta. Una auditoría de la FIFA comprobó que Teixeira se robó por lo menos 45 millones de dólares en coimas dando licencias de partidos a empresas fantasmas. Es la cantidad que lograron comprobar. A juzgar por el tipo de vida que lleva Teixeira en Florida, donde reside desde su renuncia a la CBF, en marzo pasado, fue muchísimo más.

Luego de renunciar fue contratado por la CBF como consultor, con un salario de 80 mil dólares al mes. Promueve los partidos amistosos de la selección brasileña y sobre cada juego gana un porcentaje de no se sabe cuánto. Vive con su mujer y su hija en Boca Raton, a 65 kilómetros de Miami. La casa es relativamente modesta: vale unos 2 millones de dólares, tiene 615 metros cuadrados y garaje para un Porsche y dos Mercedes Benz. Los fines de semana los pasa en Sunset Island, donde es vecino de Shakira y Ricky Martin.

Teixeira es discreto pese a su barco Azimut, de 67 pies de largo que vale unos 2 millones de dólares, anclado delante de su jardín de 1800 metros cuadrados. Sale poco de su casa. Se le ve poco. Tiene sus razones para ser tan discreto. Desde marzo de 2012 no vuelve a Brasil. No quiere correr el riesgo de rendirle cuentas a la justicia. Tampoco va a Suiza, donde los tribunales lo reclaman por cobrar 13 millones de dólares de propina a unos proveedores de la FIFA cuando era vicepresidente.

Hay corrupción en el futbol como en todo el mundo. Alguna vez se harán los cálculos de lo que se roben en el Mundial. Que no haya dudas. Brasil batirá récord también en ese sentido.

 

* Docente