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Los principios, por definición, constituyen la base o fundamento de la Constitución Política de Nicaragua, razón por la cual aparecen incorporados en el “Título I. Principios Fundamentales. Capítulo Único”. Entre los principios fundamentales que establece nuestra Constitución, se destaca el “bien común”, por ser un principio de rango superior, que contiene implícitamente a los demás, como libertad, justicia, respeto a la dignidad humana, ya que todos ellos, en último término, persiguen el bien común.

De acuerdo con nuestra Carta Magna, el bien común constituye el fin que persigue el Estado. En su Art. 4, la Constitución dice al respecto: “El Estado promoverá y garantizará los avances de carácter social y político para asegurar el bien común, asumiendo la tarea de promover el desarrollo humano de todos y cada uno de los nicaragüenses, protegiéndoles contra toda forma de explotación, discriminación y exclusión”.

“Bien Común”, de acuerdo con la Constitución, es el bien de todos los nicaragüenses, es el bien de los demás y de uno mismo. En términos de ética cristiana, bien es todo lo que nos acerca a Dios. Es, conforme con la Constitución, todo lo que contribuye al desarrollo pleno de la personalidad. Mal, es todo lo que se opone al desarrollo humano, todo lo que nos aleja de la perfección, todo lo que nos aleja de Dios. Mal es todo lo que degrada, destruye, envilece. Mal, como da a entender nuestra Constitución, es toda forma de discriminación, de explotación y exclusión.

En el marco del Principio Fundamental del Bien Común, la Ley 779 protege a la mujer contra la discriminación y la violencia consecuente, de que es objeto en nuestra cultura machista. Entendemos por cultura machista el conjunto de creencias y prácticas prevalecientes en nuestra sociedad, que consideran que es el hombre quien manda y la mujer, por ser mujer, debe subordinarse, obedecer, servir, atender al hombre.

La cultura machista privilegia al hombre y discrimina a la mujer, limitando su libertad, su autoridad y posibilidades de bienestar y desarrollo personal. Como consecuencia de la cultura machista, la madre nicaragüense prefiere tener hijos varones. El machismo y la agresión consecuente, es una realidad, que aún no hemos superado los nicaragüenses.

Consciente de esta realidad, la Ley 779 persigue la igualdad real de género y el respeto a la vida, libertad y seguridad de la mujer. Para lograr sus objetivos la Ley establece tres líneas estratégicas: la concientización ciudadana, a través de la difusión de la Ley y la capacitación de los operadores de justicia; la adopción de medidas precautelares y cautelares, de naturaleza preventiva; y la aplicación de sanciones, con penas que varían de acuerdo con la gravedad de los delitos. Se trata de medidas que en su conjunto persiguen apuntalar el proceso de transformación de nuestra cultura machista, en una cultura de igualdad real de género, para asegurar el bien común.

La Ley 779 es una ley especial que favorece a la mujer, porque la mujer es el género afectado en su desarrollo y bienestar. Al favorecer a la mujer, la ley compensa con su poder legítimo la desventaja real de la mujer frente al poder de coacción, imposición e intimidación del hombre.

El tratamiento preferente que la ley brinda a la mujer es justo y necesario. Tratándose de la violencia de género, no es correcto aplicar la misma norma de tratamiento a hombres y mujeres. La Norma de Tratamiento a la mujer de la Ley 779 se ajusta al principio de equidad de la Justicia Distributiva, que en el caso de la mujer nicaragüense, podemos formular así: “La Ley 779 privilegia a la mujer en la misma proporción que los patrones culturales machistas existentes en nuestra sociedad, favorecen al hombre”.

A todo esto, y en lo personal, cuando leo la Ley 779, más que en la Constitución Política, pienso en mi madre, como toda madre, abnegada, sacrificada, que merece todo el amor y respeto. Pienso también en mi maestra, Leonor García viuda de Estrada; que nos decía: “a la mujer no hay que tocarla, ni con el pétalo de una rosa.”

 

* Psicólogo. Orden Mariano Fiallos Gil del Consejo Nacional de Universidades Doctor Honoris Causa UNAN –Managua