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El orden y la puntualidad son principios concomitantes que tenemos que internalizar para poder avanzar, de lo contrario siempre viviremos sin posibilidad de desarrollo. Seguiremos siendo dependientes de los países avanzados que desde hace mucho tiempo establecieron el orden en su forma de pensar, lo cual se refleja en el progreso económico, intelectual y material de esos pueblos.

Cuando una persona de otro país llega a la capital Managua, inmediatamente observa el desorden en las principales paradas de buses, los mercados y el terrible tráfico, a pesar de ser una ciudad orientada horizontalmente. El desorden es una característica de las ciudades tercermundistas con poca planificación. En muchas ciudades de la India, ocurren anualmente miles de accidentes tránsito y muertes ya que las personas conducen como les da la gana. Asimismo, el desorden en nuestras mentes se pone de manifiesto en las organizaciones e instituciones que terminan dando un mal servicio al público, en otras palabras, se cae en la ineficiencia, la falta de competitividad y la mediocridad.

Se pueden promulgar leyes bonitas y modernas de acuerdo a dictados de organismos internacionales, pero hacerlas cumplir es difícil donde reina el desorden. Considero que los principios mencionados anteriormente se aprenden a temprana edad en la escuela y con el apoyo de los padres. De nada sirve que un profesor trate de enseñar el orden a los educandos, cuando en el entorno de la familia y de la comunidad reina el caos. El profesional que maneja información sabe que si no organiza la misma, tendrá que perder mucho tiempo en su trabajo al no establecer un orden.

En términos per cápita y en las últimas décadas nuestro país ha recibido más asistencia económica en comparación con otros en la región, igualmente, hemos tenido grandes recursos naturales. No obstante, seguimos siendo el segundo país más pobre del hemisferio occidental y uno de los países más pobres del mundo. Al respecto, hay factores de carácter histórico, pero me parece que los factores culturales prevalecientes en la mayor parte de la población, por ejemplo, detestar el orden y acoger el caos, son los que impiden salir del subdesarrollo.

Los tomadores de decisiones, ideólogos, organismos y otros actores sociales deben crear conciencia de la importancia de ser ordenado y puntual, tanto a nivel individual como colectivo. Por lo general, una persona ordenada puede manejar el tiempo de forma eficiente. Hay que tomar acciones concretas, se me ocurre por ejemplo, invertir más en la educación de los maestros. En el mundo actual, no es suficiente vivir de esperanzas y oraciones.

Por último, la gente de países avanzados considera que las personas que no controlan efectivamente el tiempo, no pueden manejar sus vidas personales ni mucho menos los negocios. He aquí la importancia de ser puntales y ordenados en todas las sociedades desarrolladas, donde el tiempo es oro.

 

* Traductor y escritor