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Delante de un nuevo escenario social globalizante la educación y la comunicación se convierten en los pilares fundamentales para ir aportando desde sus discursos una nueva concepción de los diferentes fenómenos sociales, políticos, económicos, culturales que suceden en el plano local e internacional.

Esa nueva mirada de estos fenómenos, a quien le corresponde asumirlos es a la educación formal y a la educación no formal, o ambas tienen ese desafío. ¿Qué hacer para que la educación formal vaya más allá de las cuatro paredes y asuma desde las prácticas educativas aquellos temas que son los que van definiendo el destino del mundo?

Los centros de enseñanza han soportado la presión del cambio en una sociedad más exigente, con sed de conocer más de temas que son los que inciden en el desarrollo del mundo moderno, sin embargo, estos temas, que son significativos para comprender los diferentes fenómenos que suceden en el mundo, no se abordan desde las aulas. Es en este momento que aparece la comunicación y aporta desde los diferentes medios de comunicación al debate, proporcionándole pistas de contenido temático para que cada ciudadano vaya construyendo su razón social del sentido.

Las escuelas, los Liceo, las universidades fueron instituciones que durante siglos gozaban de la hegemonía, del monopolio de la instrucción, del saber y del conocimiento. Hoy esa visión es diferente; sus grandes competidores para la instrucción y la transferencia del saber son los medios de comunicación. Con la aparición de la sociedad de la información las fuentes del saber y acumulación del conocimiento se multiplican, se expanden y se difunden.

La educación formal y las instituciones educativas ya no son los únicos centros de la racionalidad y del progreso científico social, ni los únicos que controlan la distribución del saber social; hoy esa transferencia del saber es compartida con los medios de comunicación y con las diferentes formas de hacer y producir comunicación.

En ese sentido, la educación formal tiene que tomar en consideración el aporte del saber y los aprendizajes que se generan desde los medios de comunicación; que estos contribuyan a fortalecer un proceso de enseñanza y aprendizaje integral en los futuros profesionales.

La presencia de los medios de comunicación y el aporte que están brindando al campo del saber y del hacer, han puesto en alerta a la educación formal. Hay quienes señalan que hay crisis en el profesorado porque miran y están claros que los medios generan nuevos saberes fuera de las aulas. Ellos ven cómo van perdiendo la función con que se formaron; empiezan a verse sometidos a nuevas exigencias porque su eje intelectual, que era el libro, ya no es el único recurso para conocer, saber y saber hacer.

Podemos decir que hay un desfase entre lo que demanda el entorno social y lo que en los centros educativos están ofreciendo; la misma historia de hace medio siglo, una geografía en discordancia con los nuevos cambios que ha sufrido el mundo; una filosofía clásica que es válida pero no suficiente para entender qué, y por qué están sucediendo fenómenos de diferentes índoles (sociales, políticos, económicos, culturales, religiosos etc.)

Pérez Tornero plantea: “una nueva filosofía educativa, un nuevo estilo, de hecho una nueva inteligencia del sistema se puede derivar del aprovechamiento de los nuevos instrumentos mediáticos e informáticos”. Partiendo de este principio es que las funciones y alcances de la educación son tan amplios que los centros de enseñanza no pueden ser ya su única garantía para la enseñanza o la transmisión del conocimiento. Es necesaria la participación de muchos otros agentes, y entre ellos los medios de comunicación. Hay que tomarlos en cuenta.

 

* Consultor y catedrático universitario