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Parecía que el lema turístico caza-dólares: “Nicaragua, única y original” era solo un anzuelo hecho con los accidentes geográficos de nuestro país. Pero lo curioso es que tiene razón, no porque este pedazo de tierra sea de particular diseño, sino porque aquí hay cosas únicas y originales que no son productos de ninguna locura tectónica de las vísceras terráqueas, sino de las vísceras humanas.

Nicaragua es el único país que tiene un presidente con una acusación de abusos sexuales encima y, en vez de sentir pena por ello, hace ostentación de lujos y poder como para decirnos que descubrió el don de la impunidad, y el derecho a tener cuánto quiera y como quiera obtenerlo, menos con el sudor de su frente. Pero conste que tales unicidades y originalidades son relativas y hasta compartidas.

No ha habido gobernante en casi 200 años, que no haya utilizado al Estado como su hacienda, y a los nicaragüenses como a sus mozos. Nuestra historia los divide en dos etapas: los de 1821 a 1912, cuando ellos administraban la hacienda y sus mujeres vendían la leche en el zaguán de su casa; y de 1912 a 2013; unos vendieron la hacienda, y otros la ordeñan junto al cliente-comprador. (Solo para estos últimos tenemos espacio).

Con estilos diferentes, otras propuestas ideológicas, ondeando viejos y nuevos colores, depositan sus ingresos en los bancos. Ya no cuentan centavo a centavo la venta del día en el zaguán. Hay interrogantes sobre sus fortunas, sobre qué parte de la hacienda las sacan y, sobre todo… ¿a quién agradecen su impunidad?

A la Providencia, Dios, la Divinidad. En el Acta de Independencia (1821) les establecieron: “Que la religión católica que hemos profesado en los siglos anteriores, y profesaremos en lo sucesivo, se conserve pura e inalterable…” Casi todos los 34 gobernantes han cumplido su cuota de providencialismo.

Curiosamente, Adolfo Díaz demostró mayor servilismo ante los interventores, que fe en la Providencia: “No quiero dejar pasar esta ocasión sin hablar de las estrechas relaciones que nos ligan hoy con sincera amistad al gobierno y pueblo americanos (…), cuya misión providencial en el Continente parece ser procurar el establecimiento de la república en la inconmovible base del derecho”.

Emiliano Chamorro: “Yo por mi parte, imploro del Poder Infinito que guió los primeros pasos de nuestra independencia y ha preservado nuestra forma de gobierno, para que guíe y sostenga los míos…”

Diego Manuel Chamorro: “…con las magnificencias de la libertad y una paz durable y con las condiciones de una prosperidad nacional cada vez más creciente, todavía somos deudores a la Divina Providencia de los especiales dones de quietud y apaciguamiento general de los espíritus…”

Bartolomé Martínez: “La voluntad inescrutable de la Divina Providencia ha puesto en mis manos el Poder Ejecutivo de la República… Con respecto a la Gran República Norteamericana, hemos recibido tan repetidas muestras de cordial amistad…”

(Todas esas maravillas…bajo las bayonetas gringas).

José María Moncada: “Era abril, semana santa. No hubo temor a la Pasión de Cristo, no obstante que los conservadores son tenidos como más católicos que los liberales. (…) Cuatro batallas, palmo a palmo, todas ganada por nosotros, gracias a Dios.”

Juan Bautista Sacasa y Anastasio Somoza García no hacían oficialmente sus invocaciones a la Divinidad, sin embargo, a Somoza lo hicieron “Príncipe de la Iglesia”; pero Luis Somoza lo hizo: “Invoco a la Divina Providencia para llevar a efecto este programa en beneficio del pueblo nicaragüense…”

René Schick: “Con inquebrantable fe en los designios de la Divina Providencia y con absoluta confianza en los valores morales y en las virtudes cívicas de mis conciudadanos, he prestado la promesa que prescribe nuestra Carta Fundamental…”

Anastasio Somoza Debayle: “Invoco la protección de Dios para nuestra patria y pido a cada uno de mis conciudadanos unirse a mí en la formulación de votos por la (…) grandeza de nuestra amada Nicaragua”.

Daniel Ortega: “Invocamos a Dios para que nos guíe en el camino de la Esperanza, donde cada uno de nosotros esté dispuesto, como instrumento suyo…”

Violeta Barrios: “Al Dios de mi pueblo, al Dios de mis padres, al Dios que es Señor de nuestra historia, pido me ilumine y me dé fuerzas para cumplir con mi deber…”

Arnoldo Alemán: “Doy gracias a Dios y a la Virgen María, por estar nuevamente ante mi pueblo para correr en esta recta final de la campaña…”

Enrique Bolaños: “Invoco con humildad, fe y sinceridad, a nuestro Señor Jesucristo y a la Santísima Virgen María (…), para que nos guíen, iluminen, fortalezcan y protejan…”

¿Será que equivocaron la dirección de la Divinidad? Lo digo, porque… ¡vean cómo seguimos después de 200 septiembre!

 

* Escritor y periodista.