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De ser por los gurús de la construcción de escenarios políticos o empresariales, el 14 de mayo, cuatro días después de la sentencia condenatoria por genocidio contra José Efraín Ríos Montt, ya el Armagedón debería haber pasado por Guatemala y seríamos un país paria, acabado, sin diálogo posible, sin futuro.

A mí me parece que no ha sucedido todo lo que vituperaban las élites conservadoras. La gran mentira era que esto acabaría con la imagen internacional de Guatemala. Y no. En primer lugar porque no se juzgó a todos los guatemaltecos sino al jefe de Estado entre 1982 y 1983.

“Dirán que somos como Ruanda, Yugoslavia o Alemania”, alertaban. Otro error de enfoque. Alemania padece prejuicios sobre su pasado porque ahí gobernó Hitler, consideró a los judíos como enemigos del Estado e intentó eliminarlos totalmente. Pero no padece esos prejuicios por haber juzgado a los nazis. Tiene respeto internacional por eso mismo, porque juzgó y sentenció su pasado. Y porque lo recuerda todos los días, en todas las escuelas, en todas las discusiones políticas, para que nunca jamás se vuelva a repetir. De hecho, hoy en día es más probable encontrar un neonazi en Francia o Inglaterra que en Alemania.

Conozco bien Alemania y puedo afirmar que su Estado y su sociedad en 2013 son de los más antirracistas del planeta. Vean el porcentaje de votos por los racistas, la extrema derecha, de 3%, el menor en Occidente; y la forma crítica en la que aprenden y comparten su historia.

Sin una sentencia por el genocidio no habrían aprendido la lección con esta profundidad. Y no nos llovieron críticas en el mundo. Si no, que le echen un ojo al New York Times, a la BBC, a El País, a medios latinoamericanos, francófonos o anglófonos. Guatemala es considerada un país más civilizado, más justo, cuyos tribunales no permitirán que la barbarie vuelva impune por estas tierras. Incluso El Faro, uno de los mejores medios en línea del continente y más duros en sus balances sobre Guatemala, publicó un editorial en el que nos considera como un paso adelante para la humanidad.

Dicen los conservadores que no vendrá inversión extranjera, mientras nuestro principal socio comercial, Estados Unidos, no deja de apoyar el juicio y la sentencia. ¿En qué mundo viven? Los fantasmas de violencia política de los intelectuales de la élite, los 12 apóstoles, son más radicales que los de los mismos hijos solitarios de los militares entrevistados por Alejandra Gutiérrez en Plaza Pública.

Los fantasmas de la secesión del Estado de los intelectuales de la élite, son más radicales que los de los mismos mayas, que por primera vez en mucho tiempo sienten que este Estado les pertenece.

Y es que con la justicia, los ixiles pueden dejar de considerarse víctimas y empezar a ser lo que debieron ser desde hace tres décadas, ciudadanos y ciudadanas que no solo tienen obligaciones, sino también derechos y futuro en esta República de Guatemala donde el delito racista por antonomasia, el genocidio, ya fue sentenciado, para toda la vida. Y a mí, eso, me hace sentir más orgulloso de ser guatemalteco.

 

* Periodista.