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La Constitución Política de Nicaragua en su artículo 125 reconoce el derecho de la libertad de cátedra de los docentes, aunque muchos colegas desarrollan su actividad magisterial sin prestarle importancia al mandato constitucional o a las obligaciones y derechos que se derivan de ello. En la planificación académica de nuestras instituciones de educación superior, se habla muy poco de la libertad de cátedra, lo que puede implicar deficiencia en la calidad docente.

Existen docentes universitarios que imparten su asignatura de forma diferente a los demás, incluso en la misma universidad, según sus criterios. Imparten temáticas distintas al programa facilitado por su universidad y señalan que los contenidos del plan de estudio están desactualizados y deciden utilizar diferentes herramientas para el proceso de enseñanza-aprendizaje de sus estudiantes.

Las metodologías de evaluación del aprendizaje de los docentes tienen una variedad impresionante y vemos aplicar evaluaciones simples y repetitivas como un “cuestionario”.

Algunos profesores no imparten los contenidos completos del programa porque la última parte no les parece importante o simplemente consideran que lo impartido por el docente anterior es inapropiado, y que él, amparado en la libertad de cátedra, les enseñará algo diferente. En fin, las metodologías son tan diversas y justificadas por la concepción personalizada de la libertad de cátedra. Aquí se ponen a prueba estatutos, programas universitarios, derechos de los estudiantes versus la libertad de cátedra.

Las universidades tienen sus estatutos y programas que deben de indicar las reglas a seguir en la enseñanza a sus educandos; las materias, los fines y objetivos de cada una de ellas para asegurar el derecho a todos los alumnos de una misma titulación, a que reciban los mismos conocimientos, habilidades y destrezas, y en los casos de que existan varios grupos por asignaturas, el programa debe de ser único.

Una primera conclusión es que la libertad de cátedra no permite a los profesores decidir sobre los contenidos y programas de las asignaturas; en una universidad organizada y seria los programas son diseñados por departamentos especializados, siendo ellos al final los responsables de los contenidos a impartir y por supuesto, la evaluación y actualización de los mismos.

Por eso se debe insistir en que el programa sea único para las asignaturas impartidas en la misma universidad y entender la libertad de cátedra como la libertad de expresión ideológica de cada docente en sus expresiones y criterios y no como la libre organización de la docencia.

En los programas de asignaturas se incluyen las directrices acerca de la metodología docente, lo cual está sujeto a criterios organizativos, por lo que el profesor no tiene libertad para alterarla. Un docente no puede cambiar las clases prácticas por clases teóricas amparándose en la libertad de cátedra y eligiendo la metodología que para él resulte más apropiada.

Dentro de los límites impuestos previamente, el profesor tiene cierto margen de maniobra al momento de elegir la forma para impartir su clase. Lo anterior nos puede conducir a que la calidad docente se podría ver afectada en muchos sentidos por el comportamiento justificado de la libertad de cátedra.

La libertad de cátedra no solo persigue la protección ideológica del docente, sino la libre difusión de sus ideas, lo cual conlleva al beneficio del alumno, al recibir una enseñanza plural y libre, en la que puede participar activamente dentro del proceso de su formación y siendo libre de orientar ideológicamente su estudio, sin que esto se valore negativamente en su calificación.

La libertad de cátedra persigue defender no solamente la conciencia del docente, sino los propios derechos de los estudiantes, por lo tanto no debe de ser un obstáculo en la calidad docente, sino un mecanismo de garantía de la misma.

 

* Docente universitario.