Jorge Eduardo Arellano
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Al escribir este artículo y hacerlo del conocimiento de la población sé que la situación no cambiará en nada, pero al menos tendré la satisfacción de haber elevado mi voz, denunciando las barbaridades y atrocidades a la que está expuesta la población a consecuencia de la inoperancia de todas las instituciones del Estado, las cuales cada vez son más ridículas, dejando a los ciudadanos manos arriba y totalmente indefensos.

El día martes 30 de septiembre, mi hijo, de 23 años y estudiante de la Universidad Nacional Agraria, abordó un bus de la ruta 111, y precisamente a una cuadra de su casa, cuando buscaba la puerta trasera del bus para bajarse en la siguiente parada, se le abalanzaron cinco delincuentes, dos de ellos con armas de fuego; le dieron un puñetazo en la cara, lo encañonaron, le robaron su mochila y su cartera, en la que portaba documentos personales como la licencia de conducir, cédula de identidad, carné de estudiante y unos cuantos córdobas. Como siempre, el resto de pasajeros actuó solamente como espectador, tímidos y paralizados por el temor a ser lesionados por los delincuentes, quienes se bajaron del bus muy campantes y blandiendo las armas para mantener a raya a los asustados espectadores.

Al día siguiente, a tempranas horas, fuimos a la estación seis de la Policía Nacional a denunciar la pérdida de la licencia y a gestionar la reposición de la misma, donde nos dijeron que teníamos que hacer una carta dirigida a “Servicios Policiales” haciendo mención de los hechos, y pagar en un banco la cantidad de sesenta córdobas por reposición de licencia de conducir.

La minuta de este pago y la carta la teníamos que llevar a la estación policial que está situada de la rotonda del Intercontinental 200 varas al norte, que es donde nos corresponde. Aprovechamos también para pagar cincuenta córdobas para la reposición de la cédula de identidad.

En las oficinas de la Policía de Tránsito nos dijeron que no podían recepcionar la carta porque mi hijo no andaba cédula, y que fuéramos al CSE (en el mismo edificio) a gestionar primero ese documento.

Los empleados del CSE nos dijeron que cédulas ya no estaban entregando por asuntos de las próximas elecciones y que tenemos que esperar hasta enero del próximo año.

Ésta es la triste realidad de los nicaragüenses, que además de estar a merced de los delincuentes, no tenemos apoyo de las instituciones que se mantienen gracias a nuestros impuestos.

Mi hijo tendrá que ser un ciudadano anónimo por el resto del año, sin ningún documento que demuestre que es un ciudadano nicaragüense, gracias a la delincuencia y a las instituciones inoperantes de este gobierno.