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Al hacer referencia al casi tercer centenario de existencia de la ciudad de Rivas, el próximo 29 de mayo, no lo hago con alborozo o alegría, por el contrario lo hago con mucha nostalgia y tristeza al notar que poco a poco van desapareciendo o deteriorándose los referentes identitarios o escenarios que configuraron la historia de esta sureña población.

Esto, desafortunadamente ha ocurrido ante la vista y paciencia de distintas administraciones edilicias desde los años setenta, hasta nuestros días. Tampoco se escuchado a una sociedad civil, que se organice y alce su voz ante los evidentes desastres.

Se vino propiciando la desaparición del histórico río San Esteban, sobre cuyas vegas se vinieron construyendo más negocios, más talleres, más viviendas, un ecocidio que se inició y continúa vivamente contra el río de Oro. Los negocios establecidos a lo largo de la otrora bonita entrada de alameda de mangos (antigua entrada de Rivas), no solo afean el panorama sino que están liquidando uno de los pocos indicativos que nos proyectaron a nivel nacional: los “come mangos”. Esta es la hilera de árboles de mangos, alineados a ambos lados de la salida a Tola.

Un alcalde, en los años noventa, autorizó el asentamiento de viviendas en las rondas del oeste del antiguo Cementerio San Pedro, una señal muy clara para que un grupo de personas ocupara de forma total, y construyera casas, en las rondas de la antigua Hacienda “Guadalupe”, la actual Escuela Internacional de Agricultura y Ganadería; con lo que se propició el crecimiento desordenado y de mal gusto de la ciudad.

Tampoco hubo ninguna preocupación por proteger sitios históricos como la antigua Loma de Carazo, escenario de distintas jornadas heroicas desde la Guerra Nacional hasta julio de 1979. Ubicada en el centro del mismo Cementerio, ostenta una hermosa vista que abarca el Gran lago, siendo durante muchos años un lugar de paseo, y orgullo para muchas generaciones de rivenses. Además de que no se hizo ni un solo esfuerzo por reconstruirla, tras la destrucción ocasionada pos los combates de junio y julio de 1979, se hicieron concesiones para la construcción de bóvedas a ambos lados del Mausoleo dedicado al Presidente Evaristo Carazo, para hacer más feo el espectáculo.

Muy recientemente, tuvimos la mala noticia de que la antigua Casa del Obrero pasaría a subasta, o a manos privadas, para el fin que se determine (entre estos el de derrumbarla). Quienes ejecutan este acto depredatorio, quizás ignoran que fue este sitio uno de los principales escenarios en las luchas políticas y sociales que se protagonizaron contra la Dictadura Somocista hasta 1979. Entre otras cosas podemos reseñar, que en estos salones hicieron tribuna dirigentes obreros y campesinos ya desaparecidos como Manuel y Alberto Domínguez; líderes estudiantiles como el mártir sandinista Ramón González, y magisteriales como el también asesinado Alfredo Bonilla.

Hago esta reflexión de cara al 293 aniversario de la fundación de Rivas el próximo 29 de mayo, haciendo un llamado a las actuales autoridades políticas y entes sociales del departamento, para que formen un solo bloque con la sociedad civil, y no sigan permitiendo desastres como los mencionados.

 

* Historiador nicaragüense nacido en Rivas