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Yo no ataco honras de nadie porque nunca he creído en los valores de la caballería. Eso sí, soy y he sido en mi vida un combatiente en el frente de las ideas, y tomo posiciones delante la realidad cruzada por la omnipresente lucha entre dominadores y dominados.

De eso se trata mi artículo publicado en END el /08/05/13/. Una toma de posición frente a un sector social que hace oposición política esgrimiendo un eje central como bandera: la “defensa de la democracia”, sin precisar nunca qué entiende por democracia. La “defensa de la democracia”, es la misma bandera que el imperio (pienso sobre todo en USA, su furgón de cola, la Unión Europea, e Israel) ha incorporado como cimiento de su vocabulario ideológico, para asignarle legitimidad a sus más perversas acciones de dominación. La retórica cínica de la “defensa de la democracia” es utilizada para pretender justificar sus guerras coloniales genocidas, sus espeluznantes violaciones de los derechos humanos, y sus operaciones sistemáticas de limpiezas étnicas.

En América Latina, esta misma retórica es usada por el binomio imperio – oligarquías en su virulenta ofensiva contra el conjunto de gobiernos que, desde la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela en 1999, impulsa un proceso de independencia política, integración latinoamericana desde abajo, y resistencia al neoliberalismo. Un proceso que está cambiando la correlación de fuerzas políticas en la región, en detrimento de la proverbial connotación de “patio trasero” del imperio.

La ofensiva combina diseños de inteligencia con las acciones, supuestamente independientes, de una red clientelar financiada por la USAID, la NED y parte de la cooperación gubernamental europea, a la que se agregan las fuerzas tradicionales de las oligarquías. No dudo que en Nicaragua el sector social que se autodefine como “demócrata” o “defensor de la democracia” forma parte integrante de esta ofensiva, y que Onofre Guevara es uno de sus ideólogos connotados.

Su papel como ideólogo del sector de cruzados por la “democracia” tiene su origen en un problema de alienación ideológica motivado por razones muy particulares. Cuando el cierre de Barricada, la cúpula del FSLN trató muy mal, grosera e injustamente a Onofre, lo que lo marcó con un profundo resentimiento personal. Con toda razón.

El hecho sí, adquirió ribetes alienantes cuando el resentimiento se transformó en un rencor–obsesión llamado Daniel Ortega cuya salida le da sentido a su existencia. Y el antiguo hombre lúcido comenzó a ver la realidad, la nuestra y la internacional, a través del prisma de su rencor–obsesión que, seguramente, le otorga satisfacciones o conmociones biliares, pero que lo obnubila para analizar la totalidad social en su dinámica histórica concreta y con sus matices y contradicciones. Y ubica a Onofre a pesar de sus malabares para aparecer como un hombre de izquierda, defendiendo las tesis de los “demócratas” piezas–clientes de la ofensiva imperial contra los gobiernos progresistas de la región.

Culmino este artículo sobre la diatriba que escribió en contra de mi persona, con algunas notas que pretenden dar satisfacción a varias demandas que allí me plantea. Por falta de espacio, las notas quedarán aquí incompletas y les daré continuidad en una próxima publicación.

1) Nunca en mi vida he adulado a gobernante alguno, mucho menos a Daniel Ortega. En eso me diferencio radicalmente de alguno de los compañeros de viaje de Onofre, que buena parte de su vida se dedicó a escribir panegíricos dedicados a Daniel.

2) Toda mi vida he vivido y sigo viviendo de mi trabajo intelectual. Tengo tres profesiones universitarias, todas a nivel de posgrado; domino cuatro idiomas. He publicado, como autoría individual o colectiva 13 libros y centenares de artículos académicos y periodísticos en revistas y medios centroamericanos y europeos. Trabajé para el gobierno de Nicaragua en los años duros: la década de los 80. De los 90 hasta hoy he trabajado en organismos internacionales, universidades centroamericanas y he tenido contratos temporales con varios gobiernos de Centroamérica, incluyendo el nicaragüense; también trabajé un tiempo para el gobierno municipal de Cesena, Italia. Actualmente no desempeño ninguna función para el gobierno de Nicaragua. Con gran satisfacción y orgullo puedo afirmar que no pertenezco a la deleznable casta de los “notables” nicaragüenses. No tengo bienes de capital. Las fuentes de mis ingresos están abiertas al escrutinio público y desde luego, al escrutinio de Onofre.

Hasta mi próximo artículo.

 

* Planificador económico, historiador y sociólogo