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Desde el triunfo de la revolución cubana, una de las metas del nuevo gobierno fue la erradicación total de la miseria y lacras sociales heredadas de la dictadura batistiana. Fidel Castro consideró solucionar los males vigentes de Cuba entre los cuales se destacaba la salud reflejado en deficientes indices sanitarios. Actualmente, la salud pública es una de las estrellas más brillantes del firmamento comunista cubano. La joya de la corona.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), históricamente Cuba ha tenido un elevado número de médicos. En 1957, superaba las cifras de muchos países europeos. En base a los censos de los años correspondientes en 1955 había 6250 médicos para una población de casi seis millones de habitantes. El equivalente a 960 habitantes por médico.

Al día de hoy, estos números sobrepasan la imaginación de cualquier Ministerio de Salud latinoamericano. Hasta el año 2000 se manejaba la cifra de más de 66.000 médicos, eso significa 1 médico por cada 159 habitantes de su población censada. No obstante, en la Cuba del siglo XXI se habla de 71.489 médicos de familia por lo que cabe cuestionarse ¿Es Cuba una potencia médica?

De forma popular se dice que Cuba es el Taiwán de la medicina: produce médicos al vapor, por toneladas y a bajo costo. Desde una perspectiva científica el servicio médico cubano se observa como un modelo diferente. En un estudio del New England Journal of Medicine -Enero 2013- se refiere al sistema de salud cubano como irreal: “pese a la falta de recursos económicos han resuelto algunos problemas aún pendientes en muchos países del mundo.” Se gradúan médicos cuya principal prioridad es la prevención.

“Existen controles pormenorizados de acuerdo al nivel de riesgo sanitario reportados con regularidad a los centros de salud mediante visitas anuales a pacientes sanos o periódicas en casos crónicos y delicados. Los índices de vacunación son óptimos y el promedio de vida es de 78 años.” Aún así, no se debe idealizar con romanticismo el sistema de salud cubano.

La institución no está diseñada para pacientes que deciden una atención individual o personalizada. “El salario medio es de 20 dólares mensuales en un país donde el 80% de la ciudadanía trabaja para el Estado. La tecnología en muchas unidades de salud es obsoleta y escasa. Priorizada para los grandes hospitales donde se practica la medicina turística.” En la isla todas las limitaciones cargan siempre con la misma excusa: el bloqueo estadounidense.

La desproporción asistencial de salud caracterizada por la mala distribución de médicos al extranjero es generada por la negación del Ministerio de Salud de Cuba de facilitar la salida del país a estos profesionales ocasionando que el creciente número de personal médico y sanitario se inscriba para emigrar en calidad de brigadista médico en misión.

En 2008 habían 37.000 médicos cubanos trabajando en setenta países -América Latina, África, y Oceanía- en áreas pobres alrededor del mundo. Sólo en Venezuela se computan 13.020 médicos trabajando en Barrio Adentro. Esta fama de internacionalismo médico solidario ha despertado en el gobierno de Dilma Rousseff el interés de contratar 6000 médicos cubanos.

Hay un inconveniente. En Brasil existe un rechazo del Consejo Federal de Medicina (CFM) ante esta decisión gubernamental. ¿Motivos? Los galenos deben pasar un examen de revalidación ante la duda de su nivel académico y calidad profesional. Además, Cuba arrastra un mal precedente: el fracaso de la vacuna –producida en Cuba— contra la meningitis B aplicada en niños brasileños fue detectado por el Centro de Vigilancia Epidemiológica de Sao Paulo.

Así como el petróleo fluye con abundancia en Venezuela, la enorme producción de médicos en Cuba los transforma en materia prima exportable hacia países que pagan un buen precio por sus servicios profesionales. Lo lamentable es que el destino del 70% de esos ingresos son divisas para el Estado cubano.

 

* Médico cirujano

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