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Con frecuencia leo o escucho a personas que afirman que la visión evolucionista degrada al ser humano porque lo pone al nivel de los animales y lo describe como nada más que un “mono avanzado”. También expresan algunos que esta visión promueve la inmoralidad y nos lleva a un mundo prosaico sin valores; que nos conduce a un mundo animal de “sálvese quien pueda”; a la ley de la selva.

Quienes eso afirman están equivocados. La teoría de la evolución no es un credo moral que se proponga regir el comportamiento humano.

No cabe la menor duda de que las especies evolucionan. Ésta es una realidad cuyo conocimiento se desprende de innumerables observaciones realizadas por expertos de muy variadas disciplinas. Las evidencias de este hecho son contundentes y proceden de la paleontología, la genética, la zoología, la teoría de la deriva continental, la biología y muchas otras. Lo que varía es la explicación de esta realidad, por lo que hay varias versiones de la teoría de la evolución, con diferente grado de aceptación en la comunidad científica. Se puede diferir en cuanto a los mecanismos que impulsan la evolución, sobre cuáles son sus principales influencias, sobre los plazos, etc. Pero sería disparatado negar la realidad que las especies evolucionan, para cualquiera que tenga al menos un conocimiento básico de la teoría de la evolución.

De manera análoga, es una realidad que las manzanas caen de los árboles y que no se dirigen hacia arriba. La explicación de esta realidad puede variar, como de hecho ha sucedido con la teoría de la gravitación universal de Newton y la teoría de la relatividad de Einstein. La primera explicó los fenómenos observados durante siglos, pero cuando surgieron observaciones que no la satisfacían, se supo que algo andaba mal con esa explicación. Sin embargo, nadie dudó de que las manzanas caen de los árboles. Einstein demostró que Newton estaba equivocado, y una teoría suplantó a la otra. Pero las manzanas nunca dejaron de caer, a la espera un veredicto.

Decir que los “evolucionistas” degradan al ser humano, lo conducen por malos caminos, etc., es como decir que los “gravitacionistas” promueven una visión negativa y pesimista del mundo con su idea de que las manzanas caen, cuando lo que deberían hacer es fomentar el optimismo diciendo que las manzanas se elevan, de la misma manera que se debería elevar el espíritu humano. Es un disparate propio de quienes no están suficientemente informados del tema, o de aquellos que no lo han logrado comprender pese a la información a la que han tenido acceso.

La evolución es implacable. En la naturaleza los más aptos sobreviven y los menos adaptados se extinguen. Pero los humanos no somos implacables ni tenemos por qué serlo. Nosotros podemos proteger a los débiles y a los desvalidos, y frecuentemente lo hacemos. Tampoco estamos nosotros enteramente a merced de la evolución pues nuestra inteligencia nos ha permitido contrarrestarla. La evolución podría haber dictado que quienes tienen mala vista sean malos cazadores, perezcan y no tengan descendientes, pero nosotros inventamos los anteojos y, además, dejamos de depender de la cacería. Los impresionantes y acelerados avances tecnológicos actuales y futuros nos permitirán ser los guías de nuestra propia evolución.

Ni la teoría de la evolución ni la de la gravitación constituyen credos morales. Las teorías intentan explicar lo observado, no guiar el comportamiento humano.

 

* Ingeniero y músico