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Me llamó la atención un reciente artículo publicado por la revista Foreing Affairs, titulado “Confundiendo Siria con Chechenia”, escrito por Fiona Hill, experta en Rusia y el Cáucaso de la Brookings Institution.

Para esta experta, la ganancia producto de la venta de armas a Siria y el mantenimiento de una base naval en el puerto de Tartus en el Mediterráneo, son meros intereses marginales y simbólicos. El núcleo de su tesis es que “el firme apoyo de Vladimir Putin al régimen de Assad en Siria se explica por su pavor a la fractura de Estados y el islamismo sunita”.

Hill señala diversos elementos que integran el pensamiento de Putin sobre el fundamentalismo sunita y el peligro que estos representan no solo a Rusia sino al planeta. Cualquiera que lea la primera parte del artículo difícilmente no estaría de acuerdo con Putin y su interés de proporcionar y garantizar la estabilidad e integridad territorial a su nación, compuesta de unidades de gobierno semiautónomas con diversos grupos étnicos, sobre todo en la parte caucásica.

Según Hill, Putin vio las intenciones separatistas de los chechenos como “la continuación del proceso de derrumbe de la URSS”. De no contener el extremismo checheno, “Rusia dejaría de existir tal y como aún se le conoce y se produciría la yugoslavización de Rusia”. Hill puntualiza “los riesgos que los grupos yihadistas del extremismo sunni islámico suponen para Rusia, con una gran población musulmana sunita”. Por eso Rusia ofreció ayuda a los EU para combatir a los talibanes tras el 9/11.

“Muchas ciudades rusas fueron escenario de devastadores ataques terroristas producto de los centenares de yihadistas que llegaron a pelear a Chechenia con el apoyo de grupos extremistas de todo el mundo árabe… En Siria, al igual que Chechenia, las fuerzas de oposición incluyen a extremistas sunitas… Siria es el último campo de batalla en una lucha global de varias décadas entre los estados laicos y el islamismo sunita”.

Fiona cae en contradicción al restarle validez a los mismos elementos que fundamentan su principal afirmación. Percibe como error de Putin entender que los peligros que surgieron en Chechenia son los mismos en Siria. Hace todo un esfuerzo por establecer lo contrario, y al final no logra convencer. Hill formula preguntas que EU no puede responder: ¿Quién mantendrá a los extremistas sunitas en jaque? ¿Quién mantendrá a extremistas fuera de la región del Cáucaso y otras regiones de Rusia con grandes poblaciones musulmanas sunitas?

Putin no confía en EU para jugar este papel estabilizador. Cuando EU se retiró de Irak dejó un caos, igual que Afganistán, y el ejemplo de anarquía en Libia es peor aún. El artículo en mención adquiere mayor relevancia tras los atentados terroristas en Boston, donde sus actores principales son chechenos y sobre los cuales los servicios secretos rusos ya habían advertido a sus homólogos norteamericanos.

 

* Msc. Presidente del Centro Regional de Estudios Internacionales (CREI)