Edmundo Jarquín
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En una de las muchas ocasiones en que el gobierno de Ortega ha anunciado alguno de tantos megaproyectos e iniciativas que nos sacarían providencialmente de la pobreza, dije que la solución a los problemas del país no se logra apostando a sacarse en la lotería el premio mayor.

En una ocasión, señalamos entonces, fue reanudar la demanda por 18,000 millones de dólares a los Estados Unidos, por los daños causados en la guerra civil de los años 80; en otra ocasión fue la mega-refinería “El Supremo Sueño de Bolívar”; en su momento hasta se habló de producir un algodón cuyas motas ya vendrían con el color de los pantalones jeans que se harían con el mismo; varias veces del puerto de aguas profundas de Monkey Point. Y repetidamente, desde luego, el canal interoceánico.

Hace pocos días el propio Ortega se encargó de anunciar que, ahora sí, el canal se construiría, ya no por el río San Juan como se anunció en febrero de 2012, sino utilizando la red de ríos de la RAAS (Región Autónoma Atlántico Sur) y el lago Cocibolca. Como en esta ocasión Ortega dio algunos detalles, entre otros la gigantesca cifra de 40,000 millones de dólares que tendría la inversión, que el socio principal sería una empresa de la República Popular China, y hasta el porcentaje de participación que tendría el Estado nicaragüense, no ha faltado quienes han reaccionado al anuncio prestándole credibilidad. Yo quisiera formar parte de esa credibilidad ya que, sin duda, el canal, caso de ser factible técnica y económicamente, sería una palanca poderosísima para impulsar el desarrollo de Nicaragua. Pero se necesita más información que abone a la credibilidad.

La incredulidad que muchos tienen se incrementa cuando al mismo tiempo se confirma la noticia de que el Presidente de China, Xi Jinping, visitará en los próximos días Costa Rica, México y Trinidad Tobago, antes de ir a Estados Unidos. Cierto que no hay relaciones diplomáticas con China, pero ante un proyecto de tal magnitud e importancia geoeconómica y geopolítica… ¿cómo no está Nicaragua de ninguna forma en la agenda de la visita del Presidente de China?, ¿cómo desde China no se ha confirmado la noticia que dio Ortega?

Mientras no tengamos más información que sustente la credibilidad en la noticia, sigo pensando, igual que ante otros anuncios de megaproyectos, que estamos ante una operación de propaganda con el objetivo, entre otros, de vender la idea de la inevitabilidad de Ortega y que tenemos Ortega para rato.

Con propaganda no se desarrolla un país. La racionalidad de la conducta individual de quien compra lotería cada semana, con la expectativa del premio mayor, tiene sentido, pero no lo tiene en el caso de un gobierno y un país.

El desarrollo de un país no es resultado de un casual premio mayor, sino del esfuerzo constante, permanente, y en condiciones de creciente productividad, de todos sus agentes económicos, grandes, medianos, pequeños y chiquitos. Y el papel de un buen gobierno es crear condiciones --con inversiones en educación, salud, infraestructura, y dando confianza política y seguridad jurídica-- para que el esfuerzo de trabajadores y empresarios sea cada vez más eficiente.

Ha sido un lastre para el desarrollo del país que forme parte de la cultura nicaragüense esa expectativa del premio mayor. Es una cultura nociva porque tiende a sustituir el necesario esfuerzo concreto y cotidiano de gobierno, empresas y ciudadanos, por la expectativa de una solución providencial, casi mágica.

Comentamos lo anterior, porque el gobierno de Ortega, que no es capaz de resolver elementales problemas de la vida cotidiana, una y otra vez se saca de la manga una de esas promesas o expectativas gigantescas que lo que hacen es fortalecer esa negativa cultura de estar esperando de otro, de la Providencia o de la suerte, y no del esfuerzo individual y colectivo, la solución de nuestros problemas.

Pero, como lo hemos dicho en otras ocasiones, no se crea que se trata de locuras. Es parte de una línea comunicacional sistemática, que sustituye la solución de los problemas concretos de los nicaragüenses con la droga del premio mayor. Es, en definitiva, una forma de drogadicción social.

 

* Economista