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Nuestras monedas llevan la leyenda “En Dios Confiamos”, copia del “In God We Trust” de las monedas estadounidenses. Un artículo reciente de Mario Fulvio Espinoza relataba cómo hubo un intento de eliminar la frase y cómo este fracasó debido a la influencia de los sectores religiosos. Opino que los religiosos deberían “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Lc 20, 25).

No es atribución de los sectores religiosos inmiscuirse en este tipo de decisiones en un Estado laico. Yo me referiré a la frase en sí.

Basta ver la prosperidad de nuestros vecinos en comparación con la nuestra para darse cuenta de que nuestra situación es muy mala y que lo ha sido por mucho tiempo. Si se revisa el progreso y el bienestar de las naciones del mundo, no se encuentra que aquellas que más confían en Dios sean las que mejor estén. Más bien pareciera al revés: entre los países más desdichados y pobres se encuentran los más religiosos. Existen países muy religiosos y muy prósperos, y también naciones poco religiosas e igualmente prósperas. Es evidente que la confianza en Dios no desempeña ningún papel en este asunto.

Por otra parte, a Nicaragua le ha tocado sufrir bastantes calamidades naturales, como terremotos, huracanes y tsunamis. Es decir, en el ámbito de la naturaleza tampoco se observa efecto positivo alguno de nuestra confianza en Dios.

En Nicaragua llevan un buen tiempo circulando las monedas que expresan que confiamos en Dios, pero la cruda realidad nos lleva a determinar que solo hay tres posibles conclusiones: o Dios ha sido indiferente a nuestra confianza, o ha querido ayudarnos y no ha podido, o no hay ningún Dios.

Mi opinión sobre este asunto es que lo que deberíamos hacer es confiar en nosotros mismos y dar los pasos necesarios para mejorar nuestra situación. Si damos énfasis y dedicamos esfuerzos a la educación de calidad, si promovemos la creación y el respeto de instituciones sólidas, si fomentamos las inversiones y la creación de empresas, y si logramos desarrollar valores como el cumplimiento de la palabra empeñada, la higiene, la puntualidad, el trabajo duro, la honradez, y otros por el estilo, es casi seguro que en un plazo no muy largo tendremos la Nicaragua con la que tantos hemos soñado por tanto tiempo, y que tan elusiva nos ha resultado.

 

* Ingeniero y músico.

pedrocuadra56@yahoo.com.mx