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En el prólogo que don Aldo Díaz Lacayo le hizo al libro “Bordes ocultos, el entretejido de nuestra historia”, califica a su autor, Rafael Casanova Fuertes, como “historiador alternativo”. Lo alternativo corresponde a la tercera acepción de ese adjetivo: “Ofrecer una opción distinta a lo habitual u ordinario”. En este caso, sería de la historia.

No parece apropiado ese adjetivo para Casanova, porque la opción que ofrece no es una simple “opción distinta de lo habitual”. Lo que Casanova hace es ofrecer, de un lapso de 69 años de historia del movimiento socialista en Nicaragua, la versión que ningún historiador se ha decidido investigar.

Lo distinto no es lo igual, tampoco lo mismo, sino otra cosa. Pero es el caso que los historiadores no han ofrecido ninguna otra versión de la historia del movimiento socialista, sino solo alusiones marginales –generalmente despectivas— cuando necesitan situar o justificar la posición política de sus adversarios, pero no como resultado de ninguna investigación o estudio sobre el tema.

Entre esos 69 años de historia socialista en Nicaragua, Casanova da a conocer el período considerado el más crítico de esta corriente política en ese lapso, por causa de un fenómeno que se origina en sus propias filas. Me refiero a la etapa cuando en el Partido Socialista Nicaragüense comienza a manifestarse la necesidad de adoptar otra línea de acción no tradicional, sino armada, y es planteada por quienes entre sus miembros cuestionan la lucha exclusivamente política, la actividad sindical y las demandas laborales frente a la dictadura somocista.

Ese período comprendió desde los primeros días del triunfo de la Revolución en Cuba (1959), hasta el triunfo de la Revolución en Nicaragua (1979), el cual se dividió en varias etapas. La primera etapa se inició cuando en 1961 el PSN organizó la Juventud Socialista Nicaragüense, cuyos componentes –por obvias razones generacionales— acogieron con entusiasmo la idea de que, de ahí, se partiría hacia una acción política con tendencia a poner en práctica la lucha armada. Bajo la presión de esa corriente interna, el PSN acordó prepararse para la lucha armada, pero no de inmediato, sino como resultado final, cuando las acciones de masas crearan las condiciones para ello. Pero contradicciones entre conservadores y radicales sobre el tema, postergaron esa tarea.

Cuando algunos jóvenes creyeron que no había perspectivas de lucha armada con el PSN ni la JSN, se fueron a formar nuevos grupos o integrarse a los que ya se habían formado en sucesión cronológica: el Movimiento Nueva Nicaragua, Frente de Liberación Nacional y Frente Sandinista de Liberación Nacional.

De ahí arrancó una relación ambigua muy difícil entre socialistas y sandinistas, pero con la idea común del socialismo. El PSN fue el núcleo originario del movimiento revolucionario nicaragüense. Las siguientes etapas, Casanova Fuentes las investiga con mucho acierto, incluida la formación por la tendencia más radical del PSN del Frente Armado Revolucionario Nicaragüense, FARN, (1966-1969) y la Organización Militar del Pueblo (1978-1979).

Casanova Fuertes presta mucha fidelidad en su libro a las fuentes, los testimonios y los datos acerca de las contradicciones, divisiones y los conflictos que les costaron a una parte de los socialistas para llegar a practicar la lucha armada, hasta culminar con la integración de la OMP a la guerrilla del FSLN en la insurrección del 79 y el partido a la estructura del FSLN en 1980. Casanova estudia también las actividades del otro PSN nacido de la división en 1976, y de sus dirigentes dentro del FAO, hasta su disolución entre la derecha, la sobrevivencia de un nuevo PSN y de otros grupos socialistas.

Con cualquier criterio político que se haga la lectura del libro de Rafael Casanova Fuertes, no encontrará en él nada igual a las versiones mutiladas, sectarias, prejuiciadas que afectaron una visión objetiva del papel del PSN en la historia política de Nicaragua. Y que, incluso, aún subsiste ese sectarismo entre sus descendientes históricos, los sandinistas.

En el libro de Casanova, se podrán ver muchos “Bordes ocultos” como este: que el PSN… “fue el principal semillero de todas las fuerzas de izquierda del país, siendo el principal beneficiario el FSLN, porque fue el trabajo paralelo en escenarios ajenos a la lucha armada de los socialistas –de lo que no se debe excluir a otras tendencias marxistas—, las que alimentaron al FSLN y le permitieron encontrar bases sociales politizadas, tanto en la insurrección armada antisomocista de 1978-1979, así como en la ejecución del proyecto revolucionario en los años ochenta”.

 

* Escritor y periodista