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Si no conocemos nuestra historia, estamos condenados a perecer. Recientemente se presentó el libro: “Bordes ocultos. El entretejido de nuestra historia”, del historiador Rafael Casanova Fuertes, en la Biblioteca del Banco Central. Esta obra es lectura obligatoria para conocer las historias de las luchas de los movimientos sociales, insidias políticas y conflictos armados en Nicaragua.

Más allá de la descripción o planteamientos de los hechos acontecidos, esta obra debería hacernos reflexionar en la forma en que podemos evitar futuros enfrentamientos armados en la familia nicaragüense.

El autor, un académico con vastos conocimientos sobre las luchas sociales y políticas nacionales, describe y revela datos importantes en distintas etapas de la historia nicaragüense. En base a ensayos y artículos sobre la historia de Nicaragua, se escudriña y analiza cómo nacen, se dinamizan, desarrollan y terminan rebeliones y movimientos insurreccionales.

En las ciencias aplicadas, los científicos pueden predecir con mayor exactitud porque se controlan variables, específicamente en condiciones de laboratorio. Por el contrario, la predicción es algo mucho más difícil en las ciencias sociales debido a la gran cantidad de variables independientes y factores exógenos que pueden afectar, en este caso, la vida de una nación. Quizás es por eso que dicha obra no hace predicciones en cuanto a lo que deparará el futuro.

El escritor e historiador Jorge Eduardo Arellano expresó que el que no conoce la historia está destinado a morir. Comparto esa idea y por eso debemos leer obras históricas y reflexionar para no volver a caer en el círculo vicioso y cíclico de la insurrección o de la guerra.

En retrospectiva, el cacique Diriangén se reveló contra los españoles; el mestizo Güegüense también se opuso a la dominación; y otro mestizo, Agusto C. Sandino, desafió exitosamente a los marines de los Estados Unidos. Deberíamos sentirnos orgullosos de nuestra historia.

Poéticamente podríamos decir que corre sangre de guerreros en nuestras venas y dichos nicaragüenses presentaron una resistencia heroica. Sin embargo, el mundo ha cambiado y cualquier país débil que se involucra en guerras solo pinta un futuro con mayor pobreza y atraso.

Por otro lado, el Güegüense finalmente aceptó la ideología y religión de los españoles; actualmente la penetración extranjera tiene un gran impacto en la mayor parte de la población nicaragüense que carece de capacidad de análisis.

En fin, solamente a través de la educación y del conocimiento de nuestra historia es que podríamos evitar futuros enfrentamientos en el país. Los 30 años de gobiernos conservadores en el siglo XIX es el mayor período de paz que ha vivido Nicaragua. Es hora de tomar conciencia que muchos pueblos del mundo han progresado porque han leído y comprendido su historia y de esa manera han evitado repetir los errores del pasado, particularmente la guerra.

Felicidades al historiador Casanova por su gran aporte.

 

* Escritor y traductor