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A la fina atención de D. Onofre Guevara

 

Dentro de la virulenta ofensiva que impulsa el binomio imperio–oligarquías contra los gobiernos latinoamericanos que apuestan por la independencia política, está la deslegitimación de los procesos electorales y el montaje de diseños de fraude mediático, como premisa para eventuales intervenciones militares, golpes de Estado y aislamientos internacionales.

En Nicaragua existe el diseño desde la primera elección de Ortega, pero adquirió especial encono en la última, cuando asumió las características de un fraude mediático largamente preparado y anunciado. Hago una síntesis de la conjura en la última elección. Los conjurados:

Los gringos, que originalmente quisieron asignarle a Carter la tarea de pieza clave; Carter mandó una delegación que se dio cuenta, como cualquier observador objetivo, que Ortega ganaba con amplio margen; hombre bastante decente, Carter no quiso embarrarse y se retiró. Acudieron a su furgón de cola, la Unión Europea. La Comisión Europea encantada asumió el papel clave en la tarea sucia, y nombró un desestabilizador torpe e irresponsable, el español Luis Yáñez.

La OEA, como ya no funciona como Ministerio de colonias, expresó sus contradicciones internas y participó con ambivalencia. La red clientelar financiada por la USAID, la NED y parte de la cooperación gubernamental europea. Las grandes empresas mediáticas que responden y en parte son financiadas por los intereses imperiales. La cúpula reaccionaria de la iglesia católica que funcionó como partido político. El PLI, el MRS, y con ambivalencia el PLC. La burguesía oligárquica proimperialista.

Onofre Guevara, que es un hombre culto y nada ingenuo, conocía de la trama. Conscientemente participó en la conjura pretendiendo legitimarla con sus artículos. Con su máscara llena de huecos, de antiguo luchador de izquierda. En sus artículos vomitó bilis esgrimiendo argumentos espurios. Los argumentos:

El Consejo Electoral partidista. Absurdo. En Nicaragua rigen las reglas del sistema de democracia liberal burgués. Y en casi todos los países de este sistema político los miembros del Poder Electoral son nombrados por los parlamentos donde están presentes los partidos. Son los representantes de los partidos quienes los nombran, y es un artificio para engañar tontos, hablar de Consejo “partidista”.

Que Ortega violó la Constitución porque logró que se autorizara su reelección. Absurdo. En todos los sistemas políticos de liberalismo burgués existen dos instancias que pueden darle viabilidad a una solicitud de reelección: El Parlamento y la Corte Constitucional. Ortega escogió la Corte Constitucional, como lo hizo alguien a quien el imperio y sus cruzados califican como “patriarca de la democracia”, Oscar Arias en Costa Rica también escogió la misma vía Uribe en Colombia, y en ambos casos no se levantó ningún escándalo.

Que Ortega por decreto prorrogó nombramientos de magistrados que debían ser hechos por el Parlamento. Absurdo. En todos los sistemas de democracia liberal burguesa, si los miembros del Parlamento no se ponen de acuerdo para hacer los nombramientos que les corresponde, el Presidente no sólo tiene la jurisdicción, sino la obligación en aras de la gobernabilidad, de hacerlo provisionalmente.

Acciones desestabilizadoras en la conjura:

El montaje de los reclamos violentos de cédulas, a pesar de que se demostró que el 96 % de empadronados contaba con cédulas y documentos supletorios para votar, el PLI solicitó recurrentemente hasta 17,554 cambios de fiscales ya incluidos en sus listas de acreditación, gran parte de ellos vencido el plazo legal para pedir acreditaciones o cambios de fiscales. En los medios, Eduardo Montealegre aparece, el 5 de noviembre, recibiendo del CSE las últimas 9,554 sustituciones de credenciales de fiscales del PLI, y declarando que va a utilizar su avioneta para repartirlas.

Después del 5 de noviembre, el PLI continuó pidiendo cambios ilegales de acreditación mediante procedimientos violentos que no terminaron aquí. Después de comunicados los resultados electorales, sin realizar ninguna apelación legal sobre supuestas anomalías, el PLI llamó a sus partidarios la protesta violenta provocando una secuela de muertes y destrucción en varios lugares. En la coyuntura, el Consejo Electoral dio muestras de solvencia normativa y extraordinaria tolerancia con los desmanes ilegales de los conjurados.

Al final, la conjura fracasó. Fue tan apabullante la victoria popular que Luis Yáñez, la pieza clave del trabajo sucio, a pesar de sus esfuerzos e intenciones no se atrevió a pronunciar ni a escribir la palabra “Fraude”. Como un disco rayado, Onofre Guevara repite que el gobierno es fraudulento e inconstitucional. La receta de Goebbels.

 

* Planificador económico, historiador y sociólogo