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A mi modo de ver las cosas, de forma natural y sin apasionamiento, el mes de mayo es el más bonito-alegre del calendario; porque en él saltan a la vista, fechas que del 1 al 31, hacen entrar en juego efemérides como el Día de los Trabajadores, etc. Pero aquí solo destacaré el 30 de mayo, conocido por tradición en Nicaragua como el Día de las Madres.

Muchos tuvimos la dicha de tener una madre de cuyo ejemplo aprendimos a convivir y transmitir los valores morales que hoy (en esta época) se escapan en algunos hogares: la tradición, consejos o como los llamen, no se practican.

Quiero expresar que mi mamá (q.e.p.d) fue lo más hermoso que Dios me dio. Mis hijos la bautizaron como la “Mamá Grande”; nunca la llamaron abuelita, mamita o mita. Para ellos, resto de familia y amistades, fue la Mamá Grande. Bien, esa Mamá Grande me parió, me crió con amor y rigor; era de carácter fuerte, me educó a la antigua, pero hoy reconozco que su método resultó. Además de celosa y de costumbres conservadoras, creyente de Dios, católica, a veces “ridícula” para las nuevas costumbres que cada generación ejerce en la evolución normal de la vida (por ejemplo, nunca bailó, ni con mi padre).

Pero mi mamá fue el faro que iluminó mi vida. Yo la amé y la amo. ¡Ah!, es que Mamá Grande –Amanda– se atribuyó la crianza de mis hijos, aduciendo: “como voz nunca estás en casa…”. Es verdad, como reportera, la calle fue el lugar sustituto a mi hogar; lo que permitió a mi madre velar por mis hijos, a los que dio amor de madre, rigor de abuela; les inculcó fervor cristiano y su voz de mando.

No estuve, y lo mantengo, en contra del castigo corporal, pero nuestras madres mantuvieron su tradición diciendo: “si no le doy palo no se compone”. Así es que yo fui educada y gran parte de mis hijos alcanzaron el rigor que a Mamá Grande Dios le dio hasta que por su edad y el severo derrame cerebral pasó a la inmortalidad hace una década. Mi mamá Amanda no supo jamás qué era tener mamá, porque falleció al parir su segundo hijo, cuando ella tenía apenas 16 meses.

Recuerdo una de sus expresiones: “Qué bonito debe ser sentir que tu mamá te quiere”. “¿Qué se siente tener mamá?”. Un sinnúmero de interrogantes formuló sobre el sufrimiento profundo que ella sintió por no conocer a su mamá. Pero Dios la bendijo, conoció al hombre de su vida, mi padre (q.e.p.d) procrearon nueve hijos, yo soy la mayor.

Pero también me refiero a la mujer que con solo llevar nueve meses en su vientre a un ser que viene a poblar este planeta, ya es bendecida por nuestro Señor. Y a la madre profesional, campesina, prostituta, guerrillera, maestra, ama de casa, adolescente, joven, sindicalista, son mil veces bendecidas. Debemos amarlas, respetarlas, honrarlas en vida, como expresa el 4to mandamiento de la ley de Dios. No hay que esperar la partida del ser que te dio la vida para llorarla, lamentando su muerte, poniendo pretextos como las distancias, la época tecnológica, la globalización y otras excusas; la más absurda, obediencia conyugal.

Yo siento haberle cumplido a mi mamá. La amé, la amo, la respeté, y vive en mi corazón; la “Mamá Grande” de mis hijos, quienes la siguen amando y recuerdan los regaños como una enseñanza y ahora ya profesionales, son seres con valores morales útiles a la sociedad.

¡Mamá Grande! Te amamos, te regalamos amor, tu día no es solo el 30 de mayo, sino por siempre. El mejor regalo que debemos dar a la madre para los que la tienen viva es demostrarle que la honramos dándole amor, mucho amor, eso implica comprensión, así como ella nos comprendió en nuestra niñez. Lo material acaba pero el amor maternal es infinito, es eterno.

Reciban todas las madrecitas nicaragüenses mi respeto y admiración, y ruego por los hijos e hijas; que sepan que tener a su madre es poseer el tesoro más bello. Sin esperar nada de nosotros, ella da su vida por el ser que parió. ¡Madre solo hay una!

* Maestra de educación primaria. Periodista. Miembro de UPN y CPN