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No quiero sorprender ni mucho menos ofender a nadie, pero pienso que como van las cosas en este mundo, la ética se agota como una especie en extinción. ¿Y solo la ética, papá?, me preguntó mi hijo Said Octavio, saltando de su cama, atento a mi explicación. Lo siento, pero es que la mirada de la ética va por el lado del abismo y no parece que cambie por ahora el rumbo de su destino.

Podrán decirme que es una exageración de mi parte, pero yo quisiera equivocarme y lo digo con humildad, y a los hechos (por ahora insalvables) me atengo. La ética es para muchos un instrumento de mediación de poca valía. Casi no existe el interés de afianzarse con ella para dirimir cualquier eventualidad o conflicto moral, o de cualquier índole. De sus beneficios se habla poco y de su dimensión humanística mucho menos. ¿Será ésta una confirmación de que la ética tiene sus días contados?

No debo pensar en lo peor, pero la insinuación parece inequívoca. Es que, al no reflexionar ni ejercitar la observación de nuestros propios actos, disminuye cada día el reflejo de nuestra condición humana. No siempre lo que vemos en el espejo es el resultado de la tenaz paciencia optimista. Así, difícilmente podremos sobrepasar las circunstancias adversas a las que nos someten el desconsuelo y el hastío.

Es que, apenas salimos del tedio para internarnos en la escabrosa imposibilidad del vértigo. Es más, poco intentamos para que la ética corresponda a nuestro proyecto de sociedad. Sobre este aspecto tenemos deudas pendientes. Queremos invisibilizar la práctica de la ética para acomodarla o amordazarla, y que se rija por nuestros intereses.

Nos hace falta ensayar el carácter de entrega y compromiso compartido, para que la ética se dimensione con equidad y profundo respeto a los derechos humanos. La aspiración humana es que haya un trato justo para todas las personas de manera sensible y honesta, y que no haya de por medio amenazas de recriminación por actuar con beligerancia y vigilancia.

Urge que, para la toma de decisiones en el ámbito público, se acerque el valor de los principios éticos. Que se estime como una constante en la práctica cotidiana. De igual manera es perentorio que como respuesta a cualquier interés egoísta se contraponga y resalte el modo integrador y convergente de los caminos de la ética.

Es el esfuerzo mayor que nos debe concentrar en la búsqueda de respuestas para la solución de los grandes problemas que aquejan a la humanidad, como el hambre, la desnutrición, el desempleo, el analfabetismo y la exclusión. Para todo ello existe un camino ideal, alcanzable y coherente, si disponemos de los recursos de la inteligencia y la ética en cada una de nuestras actuaciones.

El tiempo pasa, pero seguimos aspirando a conformar una sociedad civil ética, como la visualizó Kant.

* Poeta y periodista