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¡Se aprueba! ¡Aprobado! Era la frase predilecta de Cornelio Hüeck como Presidente del Parlamento, con la que estampaba la voluntad de Somoza con votos o sin votos; esto era antes de pasar a retiro a la hacienda San Martín en Tola, Rivas.

Su forzada jubilación fue la causa para no encontrarse el día del asalto al palacio nacional como parlamentario, pero el destino le tenía preparado un encuentro fatal con quien comandó ese operativo, aunque esta vez no de forma directa. En la segunda ocasión Edén Pastora dirigía desde Costa Rica el Frente Sur Benjamín Zeledón.

El Frente Sur libró una lucha sin parangón en la insurrección final de 1979, cumpliendo con grandes costos en sus filas el plan del FSLN de estancar a la guardia somocista, para lograr el avance de otros frentes guerrilleros.

En la ciudad de Rivas, la guardia, desde posiciones intermedias como Cibalsa en La Virgen, dominando la Panamericana, el control del Puerto San Juan del Sur, taponeando los accesos fronterizos y con el dominio del espacio aéreo, logró desarrollar una lucha contrainsurgente digno de estudio académico militar.

José Andrés Corea Avilés, con escasos 18 años, fue el segundo jefe de la columna del Frente que insurreccionó Rivas. Su nombre de guerra: “Julio Ráfaga”. Lo miré después que dirigió el sangriento combate de la entrada del cementerio el 29 de mayo de 1979, en un receso que nos dio la aviación, en la ermita de San Antonio. Nos dijo sin rodeos: “entréguennos las armas y pertrechos militares que dejaron sus hermanos”.

Es difícil para el escritor Sergio Ramírez saber lo complicado que es tomar una posición fortificada y bien defendida, sobre todo cuando no se tienen los medios bélicos y solo cuentas con el heroísmo y la disposición al sacrificio.

Sergio dedicó paginas, contadas por Francisco Rivera “El Zorro”, para relatar lo difícil de la toma del cuartel de Estelí, pero en la presentación de una novela se refirió en un medio televisivo a las acciones de la guerrilla en Rivas, mencionando la toma de la hacienda San Martín de Cornelio Hüeck, como algo “lleno de fantasías”. Pero en este caso, como en muchos, la realidad superó la imaginación del escritor.

La guardia puso en práctica su estrategia contrainsurgente de desconcentrar sus fuerzas para meterle presión desde distintos flancos al cerco guerrillero que avanzaba desde La Puebla hasta el comando GN, y desde El Palenque y San Francisco hacia la escuela de agricultura. Pasó a ser prioridad para la guerrilla evitar conexiones entre los grupos tácticos móviles de la guardia y puntos fijos como San Martín, que, aunque lejos de Rivas, podrían convertirse en una fortificación contrainsurgente con acceso marítimo y fronterizo.

Julio Ráfaga calló dirigiendo aquel complicado combate de la toma de San Martín, dejando un vacío en la guerrilla; y estoy seguro que a pesar de su corta edad en el corazón de muchos la ausencia de personas como él, en el Frente se perciben todavía. Siempre me he preguntado por qué se menciona la frase de que nadie es imprescindible; yo pienso que hay personas que por sus cualidades sí lo son, y Julio Ráfaga era uno de ellas.

Chepe fue enterrado desafiando el peligro en plena guerra por su madre, Fanita Avilés, familiares y guerrilleros, en el cementerio de Rivas, bajo un gran aguacero, el 22 de junio de 1979. En su modesta tumba hay relieves de bosques y flores, me imagino para recordar las montañas a las que partió casi niño a la clandestinidad; creo que es una de las tumbas que más he visitado. Hubo una época que pase todas las tardes después de clases camino a mi casa por dentro del panteón, no sé por qué pero es uno de los recuerdos que más me acompaña de los caídos en aquel duro y peliagudo trance.

Nunca pensé escribir este artículo en su honor, estoy seguro que mucho menos a Chepe se le cruzó por la mente aquel día en la ermita San Antonio Aparecido, bajo aquel árbol de zapatillo, de primeras comuniones, de juegos de infancia, de novenas de junio cantadas a Antonio el Paduano, cuando nos encontramos aquel lluvioso 29 de mayo de 1979; que hoy a tantos años de aquellos hechos me tocaría hacer este pequeño reconocimiento en su honor.

Pero el destino, aunque desconocido para nosotros los mortales, cuando el creador dice “se aprueba” es porque ya está “aprobado”, no importando lo elevado del costo a pagar.

 

* Ciudadano rivense