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Un problema que se presenta con extraordinaria frecuencia a los jóvenes es la elección de carrera. Lo dijo Sócrates y lo repiten los expertos. A la hora de decidir el futuro profesional, es indispensable conocerse a sí mismo. Antes de definir qué va uno a hacer, se debe definir quién es uno. Cuando se invierte el orden, se genera frustración. Se pierde tiempo y dinero.

Elegir una carrera es la primera decisión trascendental que el individuo debe tomar por sí mismo antes de ser adulto. El primer paso es el autoconocimiento. Es recomendable que el joven aproveche el último año de secundaria para preguntarse ¿Quién soy? ¿Qué es lo que me gusta? ¿En qué soy bueno? ¿Qué me gustaría llegar a ser? ¿Por qué razón me gustaría estudiar esa carrera? ¿Cuál es mi realidad social y económica?

Después de tener claro el panorama personal, lo que sigue es conocer el medio. La oferta de las universidades. El joven debe buscar aquellas carreras afines con sus gustos (lo que le apasiona), sus habilidades (lo que hace muy bien) y sus valores (lo que tiene sentido para él). Estas tres dimensiones se combinan de una manera única en cada ser humano.

El interés y la habilidad deben guardar un equilibrio. Si un aspecto predomina sobre el otro, entonces se podría producir una insatisfacción vocacional que en un futuro puede significar el abandono de la carrera.

Pero hay otros cien pesos. Papá o mamá quieren que su hijo sea tal cosa. Empiezan a buscar lo que consideran mejor para el joven. Sin embargo, respecto a la influencia familiar en la elección de carrera, los expertos aconsejan a los padres guiar a los muchachos, pero tomar distancia, pues, a fin de cuentas, se trata de la vida de sus hijos. Hay familias con tradiciones profesionales, donde todos son abogados, médicos, ingenieros, pero este no es necesariamente un factor de peso para seleccionar una carrera, pues el joven debe primero estar seguro de lo que quiere.

Insistir en que cuanto más sabe una persona sobre sí misma, más acertada será la decisión. Conocerse a sí mismo no es tarea fácil, pero lograrlo es la puerta a la realización. En qué clavo nos metió Sócrates. Se recomienda a los jóvenes escuchar su voz interior. En el fondo, uno sabe lo que quiere. Hay que considerar lo que dicen otras personas, pero la decisión final no se debe tomar para complacer a los demás porque puede ser frustrante. Tampoco estudiar lo que los papás quieren.

Por ejemplo cierta alumna ‘coqueteaba’ con las carreras de Ingeniería Civil, Ciencias Políticas y Administración de Empresas.

Siempre estuvo segura de que quería estudiar Comunicación, pues es una carrera afín a sus habilidades y destrezas: Le fascina conversar con las personas, investigar, cuestionar. Hizo el examen de admisión de la UNAN, pero la nota no fue suficiente para ingresar a la primera opción, así es que entró a la segunda, que era Ingeniería Civil. Le pareció interesante, pero solo tiene que ver con números y fórmulas; no hay espacio para la crítica ni el contacto con la gente.

Estaba confundida porque le interesaban carreras científicas, pero también los aspectos sociales. Ingeniería Civil era interesante, pero no era lo de ella; la llevaba solo por cumplir. Cayó en depresión porque no sabía qué hacer con su futuro y resolvió reandar el camino cambiándose a Administración de Empresas, que le ofrecía el componente científico y social deseado. Afortunadamente le atinó. En esta última disciplina se siente a gusto, pero aún le emociona pensar en la carrera de sus sueños: Comunicación colectiva.

 

* Docente