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Ha sido un principio reconocido y aceptado por los países de corte democrático, que las leyes (penales o civiles), emanadas por el Congreso Nacional, deben ser en lo general, para aplicarse a los ciudadanos, sea hombre o mujer, no interesa si el sujeto activo o pasivo es más débil o más fuerte, no interesa el credo político, religioso, raza, sexo, condición social o económica.

No se ve si el infractor es rico o pobre, negro o blanco, mujer u hombre, liberal o sandinista, ante la ley son iguales y de ser encontrado culpable el infractor del hecho punible, entonces se aplicará la sanción que corresponda.

La razón del porqué deben ser genéricas las leyes, es porque en este mundo nadie está libre de pecado, nadie es impoluto, en cierto grado todos nacemos y llevamos intrínsecamente mala levadura. El ser humano joven o viejo, mujer u hombre, iletrado o letrado, creyente o no, político o apolítico, rico o pobre, negro, blanco, mestizo, criollo, ninguno está excepto para no caer en alteración al orden público, así como pueden haber hombres buenos, respetuosos de la ley, asimismo hay hombres con conductas de antisociales, egoístas, agresivos, violentos, estafadores, ladrones, mentirosos y de esta clase de personajes están llenas las cárceles de este país.

Mas así como acontece en el hombre, igual pasa con las féminas. En el género femenino se hallan mujeres honestas, abnegadas, fieles, trabajadoras, buenas madres, buenas esposas, desinteresadas en lo material, mas dentro de este segmento se localizan mujeres con malos sentimientos, violentas, oportunistas, llenas de odio, infieles y desleales, a quienes no les tiembla el pulso ni el corazón para agredir, lesionar, aun quitarle la vida a otro ser humano.

La prueba más fehaciente de lo dicho se halla en la Granja La Esperanza, centro reclusorio para mujeres procesadas y condenadas por haber infringido las leyes punitivas, lo cual hicieron poniendo en riesgo la paz social.

No existen registros confiables por sector que reflejen en qué grado y a qué nivel el hombre y la mujer son infractores de ley penal. No sabemos el porcentaje de participación en delitos de homicidios, lesiones, robos, lesiones físicas, en el cual se involucre directamente la mujer o el hombre.

Las estadísticas de la Policía Nacional son inespecíficas, por ejemplo señala en globo que en el 2011, hubo 720 muertos en el país, por homicidios y asesinatos, pero sin determinar cuántos de estos fallecidos eran hombres y cuántas eran mujeres, sin embargo, una red de mujeres, aduce que en ese año hubo 82 mujeres asesinadas, dato que no tiene un respaldo oficial, eso significa que 628 hombres fueron asesinados.

Manipulando los efectos de la violencia que aflige a segmentos de la sociedad, un grupo dizque femenino, con fines de lucro difunden y publicitan que el hombre por su condición de macho es quien predomina en el ejercicio de la violencia.

Se aduce que por odio el hombre es el agresor de la mujer aun la mata, la propaganda sitúa a la mujer como víctima inmaculada, el mensaje es poner a la dama como un ser incapaz de quebrar un plato, no incurre en violencia de ningún tipo, por no tener la fuerza suficiente, en suma la mujer no miente, no finge, no engaña, basada en esa falacia, el grupo radical logró quebrantar el principio de legalidad y consiguió le aprobaran una ley parcializada, sesgada, destinada solo para proteger al 50% de la sociedad nicaragüense, y para perseguir al otro 50%, representado por los hombres.

De esa ley están sacando altos beneficios, no las mujeres buenas, honestas y honradas, ya que éstas no denuncian falsamente a sus cónyuges o esposos para despojarlos de los bienes patrimoniales. Quienes están explotando y abusando en forma oportunista son las mujeres ambiciosas, perversas, infieles; éstas son las que llegan a la policía a denunciar, lloran como María Magdalena, dicen tener lesiones psicológicas, meten a la cárcel a sus parejas y la única forma de salir de prisión es mediante la entrega de viviendas, cuentas en dólares, vehículos, etc. A estos casos de mediación, es a los que se refiere en su última comparecencia la magistrada Alba luz Ramos.

 

* Abogado y notario