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Si hacemos un breve recorrido por las últimas situaciones planteadas en el ámbito internacional a través de los medios de comunicación, veremos que, con las supuestas revoluciones de primavera árabe, desde Tunes hasta Libia, junto a la situación intermitente que aún no acaba en Egipto y la retórica permanente de que si Irán es o no una amenaza nuclear y si Israel le atacará solo o junto con los EE.UU.; son únicamente parte de una serie de temas que en tan solo unos meses se han desarrollado con enorme prontitud e impacto.

Por otra parte, la crisis en la euro zona, el problema de Siria, las elecciones en Venezuela, la renuncia del papa Benedicto XVI, la operación y la polémica recuperación del presidente Hugo Chávez, la reunión del cónclave para escoger al nuevo jefe en el Vaticano, la crisis económica en Chipre, el fallecimiento del mandatario de Venezuela; la crisis en la península coreana, las nuevas elecciones en Venezuela, el atentado terrorista en Boston y una cadena de situaciones explosivas a lo interno de EE.UU, hasta el anuncio de la administración Obama de que puede “intervenir” en Siria por el supuesto uso de armas químicas por parte de Assad; han llenado los espacios noticiosos.

No hay duda, el análisis de asuntos internacionales está más de moda que nunca. En nuestro país los programas de televisión y de entrevistas matutinas, con buenas intenciones promueven la interpretación de hechos de gran relevancia internacional, con el fin de que su teleaudiencia se mantenga informada. Pero bien dicen que de buenas intenciones está lleno el infierno.

A diario podemos ver a abogados abordando temas muy complejos, como es la política exterior de los EE.UU., o a ingenieros abordando la guerra en Siria; médicos analizan las elecciones en Venezuela y hasta los no religiosos asombran con sus predicciones de fin del mundo.

Los televidentes deben preguntarse cómo hace ese abogado o ingeniero para dominar tantos temas, si hace unos días en un canal de televisión abordaba el dilema del cónclave para escoger al sucesor de Ratzinger y al día siguiente en otro canal tocaba el tema de las verdaderas intenciones del presidente Kim Jung-eun de Corea del Norte, y la capacidad de alcance de sus cohetes nucleares. Otro hacia todo un recuento del resultado tan cerrado en las últimas elecciones en Venezuela y cuáles serían los futuros escenarios sin Chávez.

El esfuerzo no deja de ser increíble y en cierta forma loable. No deseo profundizar en intenciones de proyección mediática, pero la verdad es que uno no deja de preguntarse ¿cómo harán?, ¿cómo estudian y tratan cada tema?, ¿cuántas horas le dedican a indagar un tema que acaba de surgir como sensación internacional? Hasta imaginarlo resulta cómico.

Pero lo mejor no termina aquí. Al observar el comportamiento del periodista que los entrevista y que hasta interrumpe a su invitado para generar debate sobre el tema y sentar una posición, resulta sorprendente. ¿Cómo hacen estos entrevistadores también para inclusive aportar nuevos pedazos del pastel en el análisis ex post facto, que su entrevistado está tratando de armar?

La reproducción de una noticia o el análisis de hechos cumplidos siempre será más fácil que el intento de analizar en conjunto varios factores que pueden influir en el desarrollo de la situación observada en función de generar un pronóstico y hasta una recomendación. Si bien se denotan ciertos vicios en la práctica del análisis internacional, también es cierto que las intenciones se mejorarán a medida que todos procuremos una mejor formulación de nuestras opiniones o comentarios, producto de la asimilación de nuevas herramientas analíticas para lograr mejores grados de aproximación.

Recuerdo que al estudiar Relaciones Internacionales, a diversos grupos nos preparaban en una especialidad geográfica específica. Había quienes se especializaban en Inglaterra, Francia, Alemania, Dinamarca, China, la India, países árabes; algunos se ubicaban en África (anglo o franco parlante) y otros nos preparábamos sobre EE.UU. Prácticamente cuatro años de preparación geográfica con los mejores docentes–especialistas nos tomaba alcanzar esa especialidad. Su historia, idioma, sistema político, desarrollo militar, económico, jurídico, cultura y otros aspectos que son parte del programa especializado de estudio.

En el caso de países de alta capacidad global como los EE.UU, Inglaterra o Francia, el estudio de su política exterior y su corolario doctrinario era más que difícil. En los exámenes era normal que apareciera una pregunta cómo: ¿Cuántos misiles nucleares porta un submarino SSBN clase Ohio; sus ojivas, y donde están ubicados, su alcance y grado de error en su impacto?, ¿cómo funciona la planeación estratégica y la futurología en la política exterior norteamericana?, ¿cómo se puede influenciar la toma de decisiones al más alto nivel de un gobierno? Y ya ni se diga la carga teórica llena de matrices analíticas.

Si bien es cierto el estudio de las Relaciones Internacionales proporciona un inmenso abanico de capacidades analíticas producto de su rico contenido en teorías proveniente de su aspecto interdisciplinario; la continuidad de la especialización geográfica termina de construir a ese analista capaz de acertar en sus proyecciones.

Por eso, después de finalizada la carrera, la auto-actualización es compleja y muy costosa. La continuación de la preparación interdisciplinaria y la práctica analítica es indispensable si se desea tocar de cerca y a profundidad la temática internacional. Solo así se puede construir un analista–especialista, o como se le llama en inglés: “The Complete Analyst”, pues los ángulos de apreciación así como los enfoques resultan diversos.

No solo se trata de un individuo bien educado, con capacidad de escribir de manera concisa, sino que alguien que por su constante preparación pueda combinar las habilidades y conocimientos de historiadores, periodistas, investigadores metodólogos, oficiales de inteligencia, militares, economistas, sociólogos y otras materias más ligadas con los asuntos internacionales.

Hay especialistas sobre temas específicos que son muy preparados en historia, cultura e idioma de determinado país, o son expertos en diversas áreas técnicas. Otros son especialistas que poseen experiencia metodológica, y por otro lado están los analistas de inteligencia que luchan por completar el déficit de preparación e igualar el que poseen los dos tipos de expertos antes mencionados. Estos últimos sin duda logran llenar ese vacío en el marco de la continuación de su preparación.

Los académicos no están libres de menospreciar el análisis de inteligencia, al igual que estos oficiales deben ser de mente abierta para contradecir los hechos y puntos de vista con modelos alternativos existentes si realmente no desean ser sorprendidos por situaciones de cambios profundos en la comunidad internacional, que ellos mismos tienen por máxima entender a plenitud.

Así como un experto–temático, o un oficial de inteligencia, no puede explicarse la compleja evolución política global actual, también hay muchos académicos que dicen que las ciencias políticas no pudieron prever las revueltas árabes.

Hemos alcanzado un nivel de mayor complejidad en cuanto a quiénes y cómo se debe tratar un tema desde la perspectiva analítica. Los diversos intentos en los medios locales por continuarla supliendo ante una audiencia cada vez más interesada en los asuntos internacionales, brinda la oportunidad de construirnos como analistas completos. Esto constituye un reto profesional, ya que el analista no nace, se hace.

 

* Msc. Presidente Ejecutivo Centro Regional de Estudios Internacionales (CREI)