Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

¿Cuántos periodistas nicaragüenses han alternado al mismo tiempo su arte, oficio o profesión en la prensa escrita, la radio y la televisión? ¿Durante cuánto tiempo y con qué éxito? Algunos han inscrito su nombre en el Olimpo, destacándose como hombres de prensa y de radio, pero no durante mucho tiempo. Entre los renombrados sobresalen Danilo Aguirre Solís y Oscar Leonardo Montalbán durante los años sesenta; William Ramírez Solórzano y Xavier Reyes Alba en los setenta, y más próximo en el tiempo Edgard Rodríguez. Al selecto club de los que han bregado en la prensa escrita, radio y televisión, pertenecen Manuel Espinoza Enríquez, Rolando Avendaña Sandino, Edgard Tijerino Mantilla, Carlos Fernando Chamorro, Fernando Centeno Chong y Enrique Armas. Los nombres de quienes han laborado a la vez en los tres medios se reducen a Edgard Tijerino y Carlos Fernando Chamorro, con una variante sustantiva: el único que lo ha hecho durante más de treinta años es Tijerino.

Una voluntad granítica, un talento cultivado y una versatilidad probada, convierten a Edgard Tijerino Mantilla en un ave rara en la historia del periodismo nicaragüense. Nadie como él ha podido demostrar que un periodista puede desempeñarse con capacidad, laborando a la vez en la prensa escrita, la radio y la televisión. Su ingreso volcánico al diario La Prensa en 1970, le permitió abrirse paso con la misma celeridad con que aún escribe sus crónicas deportivas. Con su valía demostró que los estudios periodísticos siendo necesarios, nunca constituyen una garantía de éxito. El desarrollo impetuoso, envolvente, y la imposición de un nuevo estilo de escritura, lanzaron a Tijerino al estrellato, en menos de un parpadeo.

Ningún cronista deportivo nicaragüense había escrito sobre béisbol, fútbol, boxeo, ping pong, atletismo, voleibol y básquetbol, como lo hizo Edgard, al entregarse a su pasión encendida, al percatarse que la paga de un mil cien córdobas que ganaba como dibujante en las oficinas del Ing. Agustín Chang no colmaban sus sueños. Con determinación se lanzó a la conquista de un lugar en la crónica deportiva, sin importarle que la recompensa recibida constituía apenas un tercio de lo devengado hasta entonces.

Contratado provisionalmente por tres meses, a los pocos días Pedro Joaquín Chamorro Cardenal le hizo saber que se quedaba en La Prensa. ¡Su temeridad valió la pena! ¡Sus escritos marcaban un parteaguas! ¡La crónica deportiva empezó a dividirse antes y después de Edgard Tijerino!
El año 1972 quedó registrado para siempre en los anales de la memoria nacional. La noche del 23 de diciembre, Managua fue decapitada por un terremoto. Unos días antes, Nicaragua había sido sede del campeonato mundial de béisbol aficionado. Un acontecimiento memorable en la historia deportiva.

Durante esos días Edgard Tijerino se multiplicó por tres, sin sacrificar su estilo limpio, controversial, cargado de citas, cadencioso, que impuso con orgullo como su marca de fábrica. ¡Comenzó a hacer escuela y hace escuela! El cronista mexicano Tomás Morales verificó complacido: “En Tijerino, la literatura y la crónica deportiva se funden en un abrazo armonioso”. ¡Eso nadie lo discute!
Ese mismo año marca el deslinde. Edgard ingresó a mejorar la radio del país. Fabio Gadea Mantilla lo desafió a tomar el micrófono. Su alegato fue que no tenía voz para hacerlo. Gadea Mantilla demolió su argumento. ¿Quién te ha dicho que Chale Pereira Ocampo tiene voz y ya lo ves? El argumento resultó convincente. Tijerino apoyó a la Corporación en las transmisiones del mundial más impactante, organizado por el presidente de Feniba, Carlos García Solórzano.

A partir de ese momento su vida quedó vinculada para siempre a la radio. La catástrofe telúrica mandó a Edgard hasta Puerto Rico. La amistad cultivada con Osvaldo Gil y el hecho de haber sido el periodista a quien Roberto Clemente concedió su última entrevista, fueron determinantes.

A principios de diciembre de 1973 Edgard estaba de regreso en Nicaragua. Su estadía en el periódico El Día, además de contribuir a su crecimiento y desarrollo profesional, le permitió constatar que podía codearse con los grandes cronistas del Caribe y salir airoso. Volvió a La Prensa y a la vez fundó junto con José Castillo Osejo en la Corporación el programa Grand Spand.

En menos de un quinquenio, Edgard escaló a la televisión. En 1974 Manuel Espinoza Enríquez le pidió se encargara de la sección deportiva de Extra Visión, en Canal 2. Apenas había caminado un trecho, cuando fue conminado por La Prensa, diciéndole que no podía trabajar a la vez en la radio y la televisión. Se fue del periódico. Su renuncia duró un día. Danilo Aguirre Solís terció a su favor. Su disciplina y talento sirvieron como disuasivos. Tijerino estaba en el pináculo. Su estilo propio convocaba a los jóvenes. Empezaron a imitarle y algunos timoratos lo miraban con recelo. Pocos escapan todavía hoy a su influencia.

Disputado e indisputable, en 1975 Octavio Sacasa lo reclutó para el Canal 2 y Mariano Valle se lo llevó a la radio 590, donde alternó con Armando Proveedor, Evelio Areas Mendoza, Alejandro Acevedo, Eduardo López Meza y Pepe Ruiz. Como los grandes sluggers, Tijerino se ceñía satisfecho la triple corona. El periódico, la radio y la televisión han sido desde aquel año triunfal, su verdadero y auténtico hogar. ¡Su liderazgo enceguece! Las nuevas generaciones de cronistas deportivos, entre más tratan de parecerse a Edgard Tijerino, revelan que su liderazgo sigue incólume. ¡Su estrella brilla en el firmamento! Su verticalidad y conocimiento de diferentes temas lo han convertido en un verdadero líder de la opinión pública nicaragüense.