Alberto Alemán
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La primera gira oficial del presidente chino por Latinoamérica ha sido un éxito: ha reforzado los vínculos políticos y económicos con aliados, mostrándose como socio generoso y benévolo, y demostró el interés de China en ser un inversionista importante.

En este artículo me concentraré en una parte de la gira, sin incluir México.

Las paradas de Xi Jinping en Trinidad y Tobago y en Costa Rica tuvieron componentes económico-comerciales y político-diplomáticos relevantes.

Trinidad y Tobago es la isla más rica del Caribe, y un productor de gas y petróleo, materias primas que China apetece para su voraz industria.

El aislamiento de Taiwán y su contención, dado que su más grande bastión diplomático está precisamente aquí, en el continente americano (12 de sus 23 aliados en el mundo), es uno de los principales objetivos de la política exterior de Pekín.

En su Libro Blanco sobre Latinoamérica, de 2008, la Cancillería china enfatiza que como condición indispensable para establecer relaciones diplomáticas con cualquier país, este debe adherirse al “Principio de una sola China”, o sea, la República Popular China, RPC, es el único y legítimo representante de la nación china, y que Taiwán y Tíbet son parte de China. Sin duda, la agenda y el lenguaje de la visita dieron énfasis a ese aspecto tan crucial.

En la capital trinitaria, Puerto España, Xi se reunió con líderes de naciones de la Comunidad de Estados del Caribe que reconocen a su país, a quienes prometió más ayuda y cooperación. Los jefes de Estado de países comunitarios que reconocen a Taiwán no fueron invitados.

En su discurso, Xi destacó que China no olvidaba el voto de Trinidad y Tobago en favor de ceder el asiento de China a la RPC el 25 de octubre de 1971 en la Asamblea General de la ONU, hecho que significó la exclusión de Taiwán.

Muy bien lo consignó el diario español El País: “El pueblo chino nunca olvidará que Trinidad y Tobago aportó su voto en favor del restablecimiento del asiento de la República Popular de China en las Naciones Unidas en 1971”, dijo Xi, para explicar por qué eligió Puerto España como la primera escala de su primera gira por América Latina y el Caribe.

¿Es esto una vuelta a la rivalidad por aliados en Taiwán y el fin de una tácita “tregua diplomática”? No necesariamente, me comentó un diplomático taiwanés. “¿Cuánto tiempo lleva en el poder? Unos meses. Él necesita reafirmar las viejas políticas para no dar la impresión de que hay un cambio”, fue el comentario.

Creo que hay bastante lógica en esto. El asunto de Taiwán es muy delicado en China, un asunto de máximo interés nacional, y Xi no querrá dar pretextos a facciones rivales en el partido para atacarle. Además, en la tradición política china no se hacen cambios demasiado radicales en un tiempo muy corto.

La segunda parada del periplo de Xi fue nuestro vecino del sur.

Costa Rica es el único país que tiene relaciones diplomáticas con Pekín en Centroamérica y ha sabido aprovechar esta situación.

Logró varios acuerdos importantes por más de US$1,500 millones que en su mayor parte son préstamos, no donaciones. Obtuvo el financiamiento de US$1,200 millones para una refinería en el Caribe, de US$300 millones para modernizar una carretera que unirá el Caribe con el resto del país, y otros fondos para renovar su flota de transporte público con vehículos más amigables al medio ambiente, entre otras cosas.

Se firmaron, además, protocolos fitosanitarios que permitirán finalmente, 3 años después de firmar un TLC y 6 años después de establecer lazos oficiales, la exportación de diversos productos costarricenses al mercado chino.

Y como en el caso de Trinidad y Tobago, China pudo mostrar a Centroamérica, donde Taiwán tiene su posición más fuerte (6 de 7 países lo reconocen) que premia a sus aliados y que tiene interés en invertir en proyectos económicos relevantes en la región.

 

El autor es MA in Taiwan Studies,

National Chengchi University, Taiwán.