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Jean Dubois define la onomatopeya –una voz que nos viene del latín y este del griego onomatopoeia (onoma ‘nombre’ y poiesis ‘creación’)- como una unidad léxica, creada por imitación de un ruido natural como el tictac, que intenta reproducir el sonido del reloj o el quiquiriquí que imita el canto del gallo.

Dos tipos de onomatopeya distingue Stephen Ullmann: primaria y secundaria. La primaria consiste en la imitación del sonido mediante el sonido; una rigurosa imitación por la estructura fonética de la palabra, como chumbulum. Algunos animales de la fauna nicaragüense llevan el nombre formado precisamente por los sonidos que emite su canto como la poponé, el güís, el pijul y el pocoyo. Nuestros indígenas fabricaron instrumentos musicales, cuyo nombre nos recuerda su sonido.

En “Panorama masayense”, de Enrique Peña Hernández, encontramos algunos: el juco, el chau chau, el tacatán (bongo común), el quijongo, el tuncún y el tatil. Mántica, en “El habla nicaragüense”, explica que la lengua náhuatl era también onomatopéyica, como chischis (el chischil), cacapaca (sonar de las chinelas), tzilín (sonar de una campanilla), chachalaca (de chachalini, parlar, o de chalanqui, canto desentonado), paparapa (quien habla mucho y con poco juicio), piripipí (mujer chismosa).

En una investigación que realicé sobre el Léxico de la ganadería en Chontales me encontré con dos nombres de vacas: “Chischís” y “Plisplís”. El vaquero les había dado esos nombres, justamente porque las vacas tenían tetas demasiado pequeñas y el agujero torcido, y al ordeñarlas el chorro de leche pegaba en el borde del cubo, produciendo esos sonidos. Por asociación con chumbulum (caída en una poza), los pescadores de ciertas zonas de Chontales llaman “chumbuluna” a una sardina que se mantiene a flor de agua y con el menor ruido da un salto y se zambulle, produciendo un ruido característico.

Con base en la onomatopeya se han formado en nuestro idioma muchos sustantivos y sobre todo verbos como silbar, arrullar y retumbar. En nuestro lenguaje coloquial son comunes chancleteo, pisporrazo y muchos más. El pandillero llama pedorra a la motocicleta y pedorrear a la acción de seguir o perseguir en una motocicleta.

En la onomatopeya secundaria, los sonidos evocan un movimiento o alguna cualidad física o moral, generalmente desfavorable. Son ejemplos del primer caso tiritar (temblar de frío), jadear (respirar anhelosamente). En el habla nicaragüense empleamos raflá, relacionada con lo rápido y súbito. Un anuncio publicitario dice así: “Usted nos da solamente su nombre y su dirección y nosotros raflá le entregamos el artículo”. Otro ejemplo es churrete, que recuerda el movimiento fuerte del chorro, para referirnos a la suciedad producida por la expulsión violenta de las heces fecales, y tuntunear (‘andar de un lado para otro en busca de algo’).

De las onomatopeyas que evocan alguna cualidad física o moral citamos pujo, que recuerda el sonido que se emite por la gana continua o frecuente de orinar o defecar con gran dificultad de lograrlo, y la conocida locución adverbial familiar al tuntún (sin cálculo ni reflexión o sin conocimiento del asunto). Del léxico del pandillero mencionamos borrador (papel higiénico).

En nuestro lenguaje coloquial es frecuente burumbumbum, particularmente cuando alude a intrigas y enredos: “Ese ministerio es un burumbumbum: todos mandan a todos y nadie obedece a nadie”; “Con la herencia han hecho un burumbumbum, porque Otilio no dejó testamento”. También pujido que, en términos generales, se refiere a los sonidos guturales producidos por un gran esfuerzo. En “Saturno”, cuento de Fernando Silva, encontramos el siguiente texto: “Solo se oía el golpe del agua y los pujidos de Saturno empujando con el canalete”.

Es interesante observar que muchas onomatopeyas se forman mediante la repetición de sonidos vocálicos y consonánticos: piripipí, paparapa, pacapaca, etc. En las zonas del campo, es común un tipo de servicio higiénico consistente en una especie de caseta con las condiciones adecuadas para orinar y evacuar el vientre. Los campesinos lo llaman pompón, precisamente por el ruido que producen las heces fecales al caer al fondo, generalmente cubierto de agua.

Otro procedimiento seguido en la formación de onomatopeyas es la alternancia de vocales, sobre todo para expresar ruidos diferentes. Se trata de una “antifonía vocálica”, como ha sido denominada por algunos semantistas, de gran importancia en las formas imitativas. En Nicaragua, es muy expresiva la onomatopeya rifirrafa, que se refiere a la discusión rápida y sin mayores consecuencias, en la que se puede inferir que “rifi” corresponde a uno de los discutidores y “rafa” al otro.

 

* Escritor y lingüista