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Esta vida no está suficientemente llena de augurios. El reuma ataca. La obsesión juega con piernas largas. Las trampas socaban las ilusiones. Urge moler temperaturas en su propio e inusual desorden de travesías. Los vientos que por ahora prevalecen están cruzados por otros malestares e inmodestias (esas que solo se confunden con los abismos).

Uno como tozudo campeador arrecia sus voces para conquistar lo non plus ultra. Pero al olvidar, para que no nos olviden, la tercia no nos sostiene, y caemos indefectiblemente a una cosa pedante llamada hastío. Lo cierto es que no se puede vivir largamente como un parásito.

Este es el primero de un largo etcétera. De pronto, siento que estoy enojado y discutiendo con el rival que me espera en cada esquina con una sonrisa forzada entre los dientes. Lo primero que siento es cansancio y aburrimiento. Algo así como que emprendí un largo viaje conmigo mismo y no deseo ser rescatado.

Creo que la indiferencia aturde más que un planeta a la deriva. Mis pies son inseguros y envidiosos. Mi calma, un roble contemplado por la más honda de mis heridas. Ahora sé que no puedo negarme. Que regresar al olvido es mi nueva ruta entre escombros. Mi estación formal es tu cuerpo, también en el olvido. Aunque me incomode debo volver al detalle.

Cómo encajar en la pieza perdida. Todas mis cosas están flotando en mis oídos, y yo sigo siendo un desamparado. Un desesperado en la mitad de la tierra, un pájaro que se metió en la cueva asombrada de un beso. En este apunte cabe otro largo etcétera, más soterrado que el anterior, y con menos viento, que la lluvia que se revuelca en mi indolencia.

Qué difícil para el milagro y para ti, no reconocer el agua incendiada, que se trasunta en los pies del bosque. No es dócil el pañuelo cuando ha llorado. En este momento (cuando el espejo acusa) se cuela un gato con pretensiones de conejo y nada pasa. Alguien que no quiere morir se recoge en un consejo de viejo. El dolor es otro vicio que no duerme.

No me quejo: en este viaje lleno de etcéteras, sin remedio y sin cordura, van y vienen muchas personas y muchas voces, muchos encuentros, muchos fracasos y también muchas lunas que han perdido su cabellera por exhibicionistas, maniáticas, timadoras, derrochadoras de caricias.

 

* Poeta y periodista