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Cuando las buenas recomendaciones surgen, los resultados son agradables o por lo menos permisibles. Resulta que para los pasados días santos, en cruce de correos con mis hermanos que residen en el extranjero, me motivaron a ver el documental, ganador del Oscar este año, Searching for Sugar Man. Obviamente, confiado por mis superiores sanguíneos, conocedores del arte musical a plenitud y sabedores de grandes aciertos en materia fílmica, me di a la tarea de buscarlo, hasta dar con él.

Buscando a Sugar Man genera emociones que brotan de la calidad de la cosecha de una buena siembra, es una historia real de elementos que se confluyen en un marco disfuncional, pero que a la vez se amarran al futuro como atingencias palpables y de valor; se aprecia a toda luz la esencia humana, y la sorpresa de la esperanza que está allí, y hay que agarrarla, si no somos humo.

¿Cómo es posible que por muchos años existas y resulta ser más famoso que los Rolling Stones y Bob Dylan en un país y tú no te enteres? Es lo que sucede cuando los regímenes políticos opresores censuran la música. La respuesta está allí en la Sudáfrica de finales de los 60 y los 70, y de eso trata este recomendable documental.

Revestido de una especial narrativa, cuenta lo que le aconteció al cantautor Sixto Rodríguez, de ascendencia mexicana y residente en Detroit, capital del motor, cuna de las fábricas, habitada por una sólida clase trabajadora y con una economía en recesión desde décadas. Siento que lo visto es diáfano, que no hay trucos, no hay sentimentalismo, es historia, es belleza.

Sixto Rodríguez grabó dos discos en los años 70; no pasó nada con ellos en su país, pero alguien los llevo a Sudáfrica y se convirtieron en acompañantes musicales de la juventud durante sus grandes jornadas de protesta por el sistema de segregación racial. La música pasó de mano en mano entre los ciudadanos sudafricanos, hasta adoptarla como menaje de los reclamos por la asfixiante e injusta situación de racismo. El cantautor Rodríguez se enteró de ello muchos años después.

El documental, creado y dirigido por el sueco Malik Bendielloul, nos transmite una sensación que nos provoca sutilmente la emoción de sentir que somos humanos y que la perseverancia nos coloca en el éxito esperado y merecido. Mil gracias por lo recomendado, descubrí que la buena música sigue gustando al Alma, que es urgente y de mucho alimento.

Mis respetos al señor Sixto Rodríguez, quien con dos discos, “Cold Fact” (1970) y “Coming from Reality” (1971), inexistentes comercialmente en EE.UU., pero, por los acontecimientos especiales, surcaron como himnos en Sudáfrica, fueron alicientes de lucha contra el apartheid en su momento y hoy renacen por el documental como si empiezan a existir en el mundo; porque es su renacer como artista, como autor, como músico y como ser humano; porque lo redescubrimos y siempre ha estado allí con su guitarra, su talento y sus oficios en la construcción, para dar a la vida sentido útil.

Sixto Rodríguez ha regresado varias veces a conciertos masivos en Sudáfrica, Australia, Suecia, Londres, Suiza, Roma, varios Estados de EE.UU. y Austria. En Sudáfrica sus álbumes han sido editados por muchos años sin control del autor, por desconocimiento, lo que lo trenzó en una negociación que resultó justa y equilibrada. Ya grabó su tercer disco, “Looking for Jesus”; su tema “Sugar Man” sonó en la película “Candy”, protagonizada por Heath Ledger (q.e.p.d.) y Geoffrey Rush. Busquen este documental, se los recomiendo. No importa que no les guste la música, porque estoy seguro que les gusta la vida.

 

* Licenciado en Derecho y Relaciones Internacionales