Alberto Alemán
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No hay duda de que la primera visita del presidente chino Xi Jinping a Latinoamérica tuvo un elemento geopolítico importante, pues China ha consolidado una buena posición y las buenas relaciones con América Latina.

Al mismo tiempo, ha tenido mucho cuidado en no acentuar matices ideológicos que sugieran una rivalidad con Estados Unidos en el hemisferio occidental, como prueba el hecho de que la gira de Xi no incluyese ni Venezuela ni Cuba.

En Trinidad y Tobago y en Costa Rica, como decía en la primera parte de mi columna, publicada ayer, China se mostró como un socio generoso con los aliados que le reconocen y que se adhieren al principio de una sola China. Financiará proyectos clave de energía e infraestructura y sostendrá su cooperación.

Pese a la proximidad geográfica, Xi no viajó a Venezuela ni a Cuba. Para entenderlo, hay que saber que después del trayecto latinoamericano de su viaje al exterior, el líder de la República Popular China, RPC, va al encuentro más importante de todos: una Cumbre cara a cara con su colega de EE.UU., Barack Obama, para discutir algunos de los asuntos más importantes del mundo.

Mi impresión es que la diplomacia pekinesa tuvo mucho cuidado en no sugerir que China comparte afinidades político-ideológicas antiestadounidenses con naciones que son vistas como rivales de Washington. Aunque, para no desairar tanto a Caracas o a los sudamericanos, el vicepresidente chino visitó Venezuela hace dos semanas, por 4 días, y firmó nuevos acuerdos y otorgó créditos millonarios. Estuvo asimismo en Buenos Aires.

La parada en México fue distinta a la realizada en San José y Puerto España. México es una de las economías grandes de la región, el principal mercado de productos chinos en América Latina y un socio clave de Estados Unidos, por cuyo mercado los mexicanos y el dragón asiático han librado una guerra enconada.

Los aspectos económico-comerciales eran muy importantes. Al contrario de Chile, Perú, Brasil y Argentina, cuyas materias primas se beneficiaron de un largo boom de exportaciones al mercado chino, México y Centroamérica han soportado el peso abrumador de la competencia de los chinos, y las pérdidas consecuentes.

Para la profunda insatisfacción de México, los productos chinos han penetrado el mercado mexicano, poniendo en jaque o acabando con industrias locales; más de medio millón de empleos se han perdido desde los años 90 por la competencia china. La balanza comercial es abismalmente desfavorable al país azteca: las importaciones desde China alcanzaron los US$57 mil millones en 2012, y apenas se exportó US$ 5,700 millones.

Cómo fomentar las inversiones chinas en México (de apenas US$300 millones en 2012, según la Cámara de Comercio y Tecnología China-Mexicana) y disminuir el déficit de México, fueron importantísimos temas tratados. Ambos Estados formarán una comisión de alto nivel para trabajar en soluciones.

Una mayor colaboración entre empresas de ambos lados debe explotar la cercanía geográfica mexicana a Estados Unidos y la pertenencia del país azteca a la Alianza del Pacífico, el nuevo, gran bloque comercial que forman Perú, México, Colombia y Chile y que apunta a fomentar el comercio entre los miembros con las economías de Asia-Pacífico. Todo esto en momentos en que se negocia, bajo el auspicio de Washington, el Acuerdo Transpacífico que involucra a economías de ambos lados del océano pero que no incluye a China.

Xi auguró “una época de oro” al continente americano en su desarrollo.

“Para China es muy importante este acercamiento con América Latina, porque ya somos grandes importadores de sus productos y ahora China da los siguientes primeros pasos como inversor”, sostuvo Manuel Valencia, director del programa de Negocios Internacionales del Tecnológico de Monterrey.

Otro analista, Enrique Dussel, coordinador del Centro de Estudios China-México, de la Universidad Nacional Autónoma de México, estimó que el dragón asiático buscó “tomar un posicionamiento global: con este viaje hace un acto de presencia en América Latina, en países muy cercanos a Estados Unidos, siguiendo incluso los pasos de Obama y logrando un acercamiento significativo”.

Con la gira de Xi, China ha consolidado su posición de socio comercial y de cooperación, de inversionista importante, y ha fortalecido los vínculos diplomáticos en el “patio trasero” de Estados Unidos, a cuya influencia hace contrapeso, mejorando sus propias opciones y las de sus socios con respecto a Estados Unidos, sin lanzar un abierto desafío competitivo a su hegemonía regional.

El autor es MA in Taiwan Studies, National Chengchi University, Taiwán.