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Barack Obama heredó de George Walter Bush (Baby Bush), el cargo, país y un mundo acorde a su visión. Desde la transferencia del poder, han sido excluidas algunas de las expresiones más vejatorias como torturas, cárceles secretas o detenciones ilegales.

La presidencia de Estados Unidos, ha girado básicamente en los mismos parámetros diseñados por la anterior administración, definida a la luz del concepto general de guerra global contra el terrorismo.

Obama, al comienzo de su alocución en su discurso en la Universidad de la Defensa Nacional de Washington, dio el primer paso finiquitando tal época. “Hemos estado en guerra por más de una década”. “Pero esta guerra, como todas las guerras, tiene que terminar. Eso es lo que nos dice la historia, eso es lo que nuestra democracia nos demanda”.

Esa guerra está jurídicamente amparada por la ley de Autorización del Uso de la Fuerza Militar, aprobada tras el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, otorgándole poderes cuasi ilimitados al presidente para actuar contra cualquier amenaza a la seguridad de Estados Unidos en todo el orbe.

En dicho discurso, quizá uno de los más importantes desde que asumió el cargo, ofreció una visión del rol de Estados Unidos en el mundo que espera podría ser uno de sus perdurables legados.

Obama acotó: “Quiero implicar al Congreso y al pueblo norteamericano en la redefinición de esa ley y, en última instancia, en su revocación”. Dicha ley permitió la creación de la cárcel de Guantánamo, la que hasta ahora da cobertura legal al uso indiscriminado de los drones (aviones sin tripulación); debiendo desprenderse de ambas para definir una nueva estrategia, el mundo post-Bush, que aspira dejar como legado. Pero es rehén de las fuerzas que a menudo escapan a su control.

Estados Unidos ha actuado demasiado tiempo bajo este modelo, dentro del mundo diseñado por Bush. La guerra contra el terrorismo originó una estructura militar y prioridades de defensa, difíciles de cambiar de un día para otro.

La colosal maquinaria militar que por más de una década libró dos grandes guerras en Irak y Afganistán, atacando incesantemente a Libia, Pakistán, Somalia o Yemen, no se convertirá de repente en un adalid de la paz, pero sí puede variar el rumbo. Obama expresó que Estados Unidos está ante una disyuntiva. “Tenemos que definir la naturaleza y el alcance de esta lucha o ella nos definirá a nosotros”.

Estados Unidos tiene que acabar con la guerra contra el terrorismo o esa guerra terminará por destruir su sistema democrático. El caso de Guantánamo es el más patente. Existe una contradicción en la nación que se proclama paladín de los derechos humanos, manteniendo retenidos por 10 ó 20 años a individuos que ni siquiera han sido acusados de delito alguno.

Es preciso cerrar Guantánamo para corregir el rumbo, limitar el uso de los drones y recobrar el sistema de garantías y control que quedó maltrecho con la ley de Autorización, no hay razones que justifiquen la prolongación de la doctrina de Bush. Ya no existe ninguna particularidad que impida que sean aplicados los instrumentos regulares de la ley y ojalá algún día se conozca como la doctrina de Obama.

Luego de emprender costosas guerras en Irak y Afganistán, al parecer Estados Unidos se está cansando del conflicto. A doce años de haber iniciado la “guerra contra el terrorismo” pretende alejar algunos de los aspectos más controvertidos de su lucha global contra los milicianos islamistas.

Dejó entrever su aspiración de reducir el uso de drones contra Al Qaeda y sus aliados, y cerrar la prisión militar en Bahía de Guantánamo. Reconoció el uso previo de “tortura” en interrogatorios estadounidenses, y manifestó remordimiento por las víctimas civiles en ataques con aviones no tripulados, agregando que, el centro de detención de Guantánamo “se ha convertido en un símbolo en todo el mundo de unos Estados Unidos que desafían el imperio de la ley”.

La aclaración más importante de Obama en su discurso, fue la admisión de que una guerra eterna, inevitablemente socavará las instituciones que protegen la libertad, el sumo imperio de la ley y la propia democracia.

Con el líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, asesinado en una incursión estadounidense en el 2011, cantidad de miembros del grupo eliminados en ataques con drones y el rol de las fuerzas declinando en Afganistán, Obama dejó en claro que es hora para un cambio en la política.

 

* Diplomático, jurista y politólogo