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La labor del maestro se mueve en el complicado, difícil y a la par aleccionador proceso de enseñanza-aprendizaje, en el que las personas activan y manejan sus propias capacidades como sujetos de esa compleja relación enseñar-aprender o aprender-enseñar, como funciones inseparables.

Sin embargo, esta relación docencia-discencia, entraña un interesante conjunto de elementos que deben facilitar y legitimar la interacción maestro-estudiante armonizando la autoridad del docente con la libertad del discente.

En este contexto una de las cualidades esenciales que la autoridad docente debe manifestar en sus relaciones con las libertades de los estudiantes, es la seguridad en sí misma.

El planteamiento es pertinente cuando lo referimos al tema de la disciplina escolar y en general al clima psicosocial del centro educativo, en razón del proceso de aprendizaje.

Se trata de la seguridad que se expresa en la firmeza con que actúa, con que decide, con que respeta las libertades, con que discute sus propias posiciones, con que acepta reexaminarse y perfeccionarse permanentemente desde la pertinencia de los aprendizajes de los estudiantes.

¿El maestro, solo por serlo y por ejercer la docencia, posee esta seguridad? Son varios los factores que deben acompañarla. En principio se puede afirmar que al maestro, por su carácter de maestro y su función de enseñar trasmite a sus estudiantes una importante dosis de seguridad en tanto la orienta a crear condiciones concretas de aprendizaje para que el estudiante construya sus conocimientos y sea sujeto de su formación.

Esa seguridad con que se mueve la autoridad docente implica otra seguridad, la que se funda en su competencia profesional y ética.

Ninguna autoridad docente se ejerce sin esa competencia. El profesor que no posea y no asuma con calidad y en serio su formación, que no estudie, que no se esfuerce por estar a la altura de su importante y decisiva tarea no tiene autoridad pedagógica para ponerse al frente y así dinamizar las actividades de la clase.

Como profesor no es posible ayudar al estudiante a superar su ignorancia si no supera permanentemente la suya. No se puede enseñar lo que no se sabe. De ahí que la incompetencia profesional descalifica la autoridad del maestro.

Otra cualidad indispensable a la autoridad en sus relaciones con sus estudiantes dotados de libertad es la generosidad, el dar y darse, en términos del dominio de la ciencia y de una actitud abierta de servicio y atención al estudiante. No hay nada que minimice más la tarea formadora de la autoridad del maestro y maestra que la mezquindad y/o arrogancia con que se comporte.

El clima de respeto que nace de relaciones justas, serias, humildes, generosas en las que la autoridad del maestro y las libertades de los estudiantes se asumen éticamente, autentica el carácter verdaderamente formador del espacio pedagógico. La autoridad coherentemente ética que se funda en la certeza de la importancia de sí misma activando la libertad de los educandos para la construcción de un clima de auténtica disciplina, nunca minimiza la libertad. Por el contrario, la fortalece. El educando que ejercita su libertad se volverá tanto más libre cuanto más éticamente vaya asumiendo la responsabilidad de sus acciones de aprendizaje.

En el fondo, lo esencial de la relación entre educador y educando, entre autoridad y libertades, entre padres, madres, hijos e hijas es la reinvención permanente del ser humano, de cada persona, en el aprendizaje de su autonomía, aprendizaje que entraña la auténtica disciplina que es expresión de la libertad. Aquí radica el origen, sentido y fin de la disciplina que acompaña la formación de la persona y en ella la acción sistemática y creativa de la escuela.

Mientras en nuestro proceso educativo escolar no entendamos y construyamos este concepto y modo de disciplina será muy difícil armonizar la autoridad o seguridad del educador y la libertad del educando, necesarias para la formación de cada persona, la calidad y pertinencia de sus aprendizajes.

Tarea difícil, como lo es la construcción, desarrollo y proyección de cada persona, fin de la educación y fundamento del progreso, del desarrollo y del bienestar de toda la población.

 

* PHD. IDEUCA