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El 15 de septiembre de 1821, Nicaragua, junto con el resto de naciones centroamericanas proclamó su independencia política de España. A partir de ese momento, hace casi ya 200 años, nuestro pueblo comenzó una lucha sin descanso por la recuperación de su identidad, su dignidad y su soberanía, arrebatada con violencia por los colonizadores españoles.

En estos 200 años esa dignidad, soberanía e identidad han sido constantemente manoseadas y pisoteadas no solamente por el imperio del norte, sino también por la clase política tradicional nicaragüense, que ha ostentado el poder en nuestro sufrido país. Este binomio nefasto ha llevado a nuestro pueblo a ser el segundo más pobre de América. Han quitado y puesto presidentes, nos han obligado a ceder territorios, han ocupado militarmente el país, han minado nuestros puertos, nos han bloqueado económicamente, han financiado guerrillas para que nos matemos entre hermanos.

Los nicaragüenses han luchado siempre y se mantienen luchando por un país próspero, con oportunidades para todos, en la que el hambre y la pobreza no sean el pan nuestro de cada día. Nos hemos visto forzados a que la mayor parte de esa lucha haya sido a través de las armas. Se ha derramado la sangre de cienes de miles de valiosos nicaragüenses, la gran mayoría de ellos anónimos, pero otros muchos pasaron a las páginas eternas de nuestra historia: Máximo Jerez, Benjamín Zeledón, Rigoberto López Pérez, Carlos Fonseca Amador y nuestro General de Hombres Libres, Augusto César Sandino. Héroes todos ellos, que entregaron sus vidas por una Nicaragua libre, digna y soberana.

El Proyecto del Canal Interoceánico se presenta ahora como una oportunidad real para que el sueño de millones de nicaragüenses, a través de estos siglos de lucha, al fin se materialice. La inversión de 40 mil millones de dólares en el canal y sus subproyectos (ferrocarriles, aeropuertos, puertos, etc.) más las inversiones colaterales que esto implicará, garantizan el fin del desempleo y la pobreza en nuestro país. Y más aún, garantizan el despegue de nuestra economía hasta niveles que de otra manera hubieran sido prácticamente imposibles de alcanzar.

Los sectores más necesitados de la población nicaragüense pueden sentirse confiados de que toda esta bonanza económica se traducirá en beneficios tangibles para ellos. El gobierno del Comandante Daniel Ortega ha demostrado sobradamente que una de sus prioridades es combatir el hambre y la pobreza. Sin duda alguna, este Gobierno es el único que puede garantizar que el crecimiento económico venidero sea un instrumento para mejorar el acceso a la Salud, Educación y Servicios Básicos, lo cual es el primer paso para sacar al pueblo de la pobreza en que nos han sumergido.

En el largo plazo, Nicaragua alcanzará definitivamente su independencia económica y solo en ese momento podremos hablar de un pueblo que viva en libertad y soberanía plena. Caminemos pues con alegría, sin resentimientos, sin odio ni politiquería barata, hacia la victoria definitiva del pueblo; como dijo el Comandante Daniel: caminemos hacia la tierra prometida.

 

* acastillo@mariscos4estaciones.com.ni