Alberto Alemán
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India es un país que ha hecho enormes progresos desde su independencia en 1947. Sin embargo su ritmo de avance es inferior al de China y la causa principal es el descuido de una de las principales lecciones del desarrollo asiático, sostiene Amartya Sen.

Para el Premio Nobel de Economía indio y profesor de Harvard, afirmar que India es la mayor democracia del mundo no es banal – su prensa es vibrante y libre, sus ciudadanos leen más periódicos que cualquier otra nación. Dobló su expectativa de vida de 32 a 66 años desde 1947; y su ingreso per cápita creció 5 veces, argumenta el pensador en un artículo de opinión titulado “Why India trails China”, publicado ayer, jueves, en la sección de opinión de la web de The New York Times.

Que el ritmo de desarrollo de China aventaja al de la India y que esa diferencia no será reducida pronto, no es lo que más debe preocupar, afirma Sen, sino “la brecha en la provisión de servicios públicos esenciales – una carencia que disminuye los estándares de vida y es un obstáculo persistente para el crecimiento”.

El autor hace más comparaciones. China ha adelantado a India en la expectativa de vida, en brindar educación general y atención médica segura para su pueblo. India tiene distintas escuelas de élite con distintos grados de excelencia, pero entre sus habitantes de 7 años o más, uno de cada cinco varones y una de cada 3 mujeres son analfabetas y la mayoría de sus escuelas son de mala calidad.

Las estadísticas muestran que China dedica el 2.7% del presupuesto nacional a la salud pública, mientras India gasta el 1.2%.

El Nobel explica:

“El desempeño inferior de la India puede ser relacionado con el fracaso en aprender de los ejemplos del llamado desarrollo económico de Asia, en el cual la rápida expansión de la capacidad humana es tanto un objetivo en sí mismo como un elemento integral para lograr un rápido crecimiento. Japón fue el pionero de ese enfoque, comenzando desde la Restauración Meiji en 1868, cuando decidió construir una sociedad completamente alfabetizada en unas décadas. Como Kido Takayoshi, un líder de esa reforma, lo explicó: ´Nuestro pueblo no es diferente de los americanos o los europeos de hoy, todo es un asunto de educación o de falta de educación´. Con inversiones en educación y salud, Japón aumentó los niveles de vida y la productividad laboral simultáneamente – una colaboración del gobierno con el mercado”.

Ese ejemplo fue seguido por Corea del Sur, Taiwán, Singapur y otras economías del este asiático en el siglo XX.

Sen incursiona brevemente en una comparación entre la forma democrática de gobierno de India y el modelo autoritario de China.

La falta de debate público y la centralización de las decisiones trascendentales en la cumbre del poder político en Pekín contrastan con los largos procesos y los conflictos que son normales en una democracia y que complican la ejecución de políticas públicas, como en India.

¿Es el autoritarismo más eficiente? No necesariamente. Desde su independencia, India no ha experimentado una hambruna. Al contrario, China sufrió la hambruna más terrible de toda la historia humana (1958-1961) desde que hay registros escritos, provocada por la campaña del Gran Salto Hacia Adelante – que tenía como fin acelerar la construcción de una sociedad comunista -- del gran líder Mao Zedong.

Sin embargo, reconoce Sen, pese a su hostilidad hacia la democracia, los líderes chinos han estado fuertemente comprometidos con la eliminación del hambre, el analfabetismo y la falta de atención sanitaria.

“Combatir las desigualdades que debilitan a la India no es solamente un asunto de justicia social, al contrario de la India, China no desaprovechó la enorme lección del desarrollo económico asiático sobre los beneficios económicos que da el mejoramiento de las vidas humanas, especialmente en la base de la pirámide socioeconómica”, subraya el académico.

Para lograr una capacidad industrial como la de China, India necesita una fuerza laboral más educada y con buena salud a todos los niveles, concluye Sen, así como “más conocimiento y discusión sobre la naturaleza y los enormes alcances de la desigualdad y de sus consecuencias perniciosas, inclusive para el crecimiento económico”.

 

* El autor es analista de asuntos Asia-Pacífico.

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